miércoles, 12 de febrero de 2020

ATENCIÓN


VERSO SUELTO, PARA EL MIÉRCOLES 12 DE FEBRERO

Cuando uno habla, aunque sea por la radio, espera que le atiendan. Gracias por atenderme,amigos. Pero la atención que para mi como para todos vosotros deseo es la atención habitual que nos hace atentos. Nada más y nada menos. Una persona atenta escucha cuando le hablan, por supuesto. Atiende a todos y les escucha. No les oye como quien oye llover, ni se hace el despistado. Está aquí, donde tiene el cuerpo y no anda por ahí Dios sabe donde pero no su hermano. No huye como Caín, el fugitivo. No está en Babia ni anda por los cerros de Úbeda. Está aquí para lo que haga falta. Se comporta, vamos. Es un buen vecino, un buen amigo, un compañero, no un prójimo cualquiera sino cualquiera que se comporte atentamente si llega el caso. Alguien que se detiene y no pierde la ocasión de comportarse humanamente, una persona que se echa en falta después de haberla conocido. La atención es la ayuda que necesitamos todos a veces, y la que todos a veces podemos y debemos prestar.

martes, 21 de enero de 2020

¡ENTAVANT !




Recordar el pasado, ver el presente y avanzar hacia el futuro, eso es ex-istir: abrirse al otro y a todos los otros . Es salir con un pie en tierra y otro en el aire. Es caminar. No es estar ahí como una piedra de tropezar, que eso es un escándalo; ni crecer aquí como una planta, que eso es vegetar. Es acaso sembrar y en modo alguno comer hasta la simiente, recomerse o consumirse consumiendo, que eso es morir o acabar sin comenzar tan siquiera a vivir. No es estar de fijo aquí y ahora, enterrado. Es crecer acaso, pero no como las plantas en un lugar. Com la borraina al sol de Artesa. Que el camino no es lugar para quedarse y las plantas de los pies no tienen raices. Ala, entavant. Pa Nadal un pas de gall, i que sigue per a bé.



lunes, 20 de enero de 2020

No somos ecológicos


Verso suelto

No somos ecológicos. Las plantas de los pies no tienen raíces: no vivimos necesariamente en ningún territorio, ni hay una reserva específica para los humanos en ningún sitio. No estamos adaptados a ningún medio y podemos vivir en cualquiera siempre que lo hagamos habitable. En este sentido se ha dicho que los humanos somos animales inacabados. Y más que estar aquí, para nosotros vivir es existir. No insistir, que todo es camino y no hay en el camino lugar para quedarse. Y cuando digo todo, me refiero también a la cultura y al orden establecido. Vivimos en el tiempo y en la historia que hacemos más que en la casa en que paramos. Y Aunque tenemos que morir no nacemos para acabar, sino para comenzar. Y para eso hay que abrirse con los pies en tierra. No basta con abrir los ojos o mirar por la ventana. Se sale por la puerta y se avanza paso a paso con los otros compartiendo el pan y la palabra, el camino y la vianda. Sin sacar los cuernos ni quedarse dentro como los caracoles, que eso no es abrirse ni pisar la tierra: es arrastrase con la casa encima.
15-1-2020





jueves, 2 de enero de 2020

AÑO NUEVO


AÑO NUEVO PARA COMENZAR

Año año nuevo, vida mueva. Eso es lo que se dice, lo que repite la gente por estas fechas. Pero la vida como la historia no vuelve a las andadas como el trillo por la era, ¡anda ya! Es un camino abierto: recto, aunque no siempre correcto ni mucho menos. Hijo de la libertad, puede ser como todo lo que hacemos las personas: bueno o malo en general y ,en particular, depende. También del pasado, por supuesto, pero no sólo. Que el pasado tiene su peso en el presente, ¿dónde si no?, y define la situación o circunstancia que condiciona la vida y la historia que hacemos. Aunque no absolutamente. La vida nueva, la que nos deseamos los unos a los otros al comenzar el año nuevo, depende mucho de nuestra voluntad. De una voluntad responsable que no sale sólo por la boca y se pierde en buenas palabras, esas que se lleva el viento. Sino de una voluntad en ejercicio que sale del corazón y anda muy ocupada, que merece el respeto y la confianza de todos por lo que hace. Que cubre bien el trecho que va del dicho al hecho.

Lo que escribo vale, por supuesto, para los políticos. Pero antes para uno mismo. Y es en mi caso una reflexión en voz alta que me compromete. Sin olvidar que políticos somos todos con tal que seamos ciudadanos y personas adultas en sus cabales. Si deseamos que salga el sol todos los días para todo el mundo, lo mejor que podemos hacer cada uno en la historia es aguantar encendida la vela que nos toca. Ese es el cirio, el problema y la responsabilidad intransferible que tenemos. Desear un año nuevo y una vida nueva, solo eso, es nada más que humo de pajas: un rito que se repite siempre en estas fiestas. Como el clima en invierto, naturalmente. No va a ninguna parte. No en la historia. Sin luz ni calor, eso no aporta nada que caliente motores y encienda los faros. No viene para comenzar. Vuelve para quedarse.
En la historia una democracia sin demócratas ha sido y sigue siendo lo mismo que una iglesia sin fieles. Hablar mal de los políticos propiamente dichos es una mala costumbre que no disculpa a los ciudadanos ociosos, a los “idiotas” como llamaban los griegos a los que pasaban de hacer política y se ocupaban sólo de sus negocios privados. Lo que se hecha en falta hoy no es hablar sobre ellos sino con ellos sin pelos en la lengua, gritando si es preciso, para que nos escuchen y respondan de lo que hacen ante el pueblo soberano que los ha elegido. Y es ir a mejor eligiendo a los mejores. No habrá un buen futuro para España si no hay mejores políticos , ni mejores políticos sin mejores ciudadanos. Ni vida nueva con viejas y malas costumbres. Desearlo sin más en estas fechas es una superstición que no cambia nada. Hay que poner la esperanza a trabajar, sabiendo que la paciencia es eso; no la queja o la resignación, sino el trabajo personal en la parte que nos toca. O parcela. Que la cosecha no cae del cielo. Y si todos hacemos en la tierra lo que debemos aquí y ahora, en el huerto de casa, habrá mañana cosecha para todos los vecinos ybajaran los precios enla plaza. Y si no es así, no caerá esa breva. Será otra vez un año, ciertamente: pero no el año nuevo que nos deseamos los unos aa los otros.....siguiendo la costumbre. No será lo que nos dicta la conciencia. Y por mucho que digamos, nos cogerá el tren. ¿Feliz año nuevo? ¡Anda ya! Que lo otro es chiflar. En cuyo caso es mejor apartarse en silencio.

Todos somos políticos, todas las personas adultas y cabales. Todos lo que votamos o dejamos de hacerlo en una democracia haciendo dejación de nuestro derecho que es también un deber, una responsabilidad. Si no hacemos política, no tenemos derecho a criticar la que se hace. Es tan estúpido como criticar el tiempo que hace, o quejarse porque no llueve. Es blasfemar contra los políticos activos, hablar mal de todos ellos para disculparse de todo. Los políticos son....¡Para!, unos son malos -puede que demasiados- y otros mejores que tú. Ponerlos a todos en el mismo saco
son ganas de enredar.

En su obra La condición humana escribe Hannah Arendt: “Los humanos, aunque han de morir, no han nacido para eso sino para comenzar”. Cada nacimiento es para ella un nuevo comienzo, y cada acción nueva e inesperada como volver a nacer. En vez de enredar y enredarse sin hacer nada, tendríamos que nacer o comenzar en cada situación. No solo al comenzar el año, aunque también. Año nuevo, vida nueva. Por supuesto, pero de verdad y en cada situación. Que para comenzar no hay que esperar esa fecha. Ni cambiar el calendario, sino la vida.

José Bada
29-12.2019





sábado, 14 de diciembre de 2019

¡No al cambio climático!


VERSO SUELTO

No conduzco, camino despacio y si quiero voy donde me llevan si está lejos ....y ,si no, me quedo en casa. Lo que no hago es dejar de pensar con mi cabeza y decir lo que pienso sin pelos en la lengua a poco que me tiren de ella. Soy un cascarrabias a veces, otras un cantamañanas y siempre un viejo que larga como casi todos los viejos cuando les escuchan. Me piden un verso suelto, y no puedo negarme. Hablaré del cambio climático. Que Greta Thumberg lo haga se comprende. A sus años no deja de ser para ella, adolescente aún , su problema. Lo que peligra es nada más y nada menos que su casa y su mundo: su porvenir y su vida, todo eso que cabe esperar y puede irse a pique si no hacemos nada para evitarlo. Por tanto, es también nuestro probelma: no porque nos vaya en ello nuestro mundo y nuestra vida, que ya está hecha. Sino porque podemos perder aún lo poco que nos queda: la dignidad, si lo tomamos solo como un tema y no hacemos nada para evitar que pase lo que nunca debería pasar. 
¡NO AL  CAMBIO  CLIMÁTICO!




viernes, 6 de diciembre de 2019

"·Concordanza"



“CONCORDANZA”

Si no hay concordancia, con-sentimiento y “concordanza” , la vida es un baile suelto pero no agarrado. Algo así como dar vueltas como un pirulo, girando sobre uno mismo hasta caer muerto. A no ser que el pirulo, proyectado para bailar, se tire para matar; es decir, para destrozar a los otros. Pero eso se hacía en mi pueblo con la galdrufa -que es como llaman allí a la peonza- que era más grande, más pesada y más dura que el pirulo. Este se actuaba con los dedos, sin cuerda, y solo para bailar. La galdrufa en cambio, salvo excepciones, la tirábamos a matar con una cuerda. Yo tenía una de carrasca, calzada con un clavo de herradura para dar golpes o coces como una mula. Después de chupar una punta de la cuerda, envolvía con ella y sobre ella el resto de la misma hasta cubrir toda la galdrufa y agarrar con la derecha la otra punta. Salvo cuando jugábamos sin competir y las galdrufas bailaban juntas como los mozos y las mozas en la plaza del pueblo para las fiestas, nosotros tirábamos a matar y derrotar al adversario. Aquello era un juego muy bruto. Con los pirulos competíamos para ver quién y cómo hacía bailar al suyo más tiempo sobre una cuerda, sobre las manos o en el suelo. Y eso era distinto, aunque más aburrido. Era sólo bailar y bailar solo, no agarrado.

La concordia y el acuerdo es lo contrario del abrazo del oso, que mata. Es el abrazo que une. El abrazo del hombre que se abre, que sale de la caverna , de la barbarie y de sí mismo: de su pasado, para encontrarse con otros. Para compartir el camino y la vianda , para abrazarse en un nosotros en el que quepamos todos. Siendo el otro - el prójimo - un atajo para llegar al Otro de todos nosotros : el destino o la casa donde el camino acaba y los caminantes se recogen. Mientras tanto la verdad es el lo que hay: el sentido, un anticipo de la que nos falta nada más y nada menos. Que no es el camino lugar para quedarse, compañeros. Y eso que llamamos fe no es fe en la fe, sino en lo que está por ver y por venir. La fe en la fe no tiene pies ni cabeza, es una esperanza de fijo: desesperante, que se planta sin dar un paso. Que echa raíces sin dar fruto. Sin corazón ni coraje para caminar con un pie en tierra y otro en el aire. No es responsable, es hija del miedo. Y más que existir, in-siste y se cierra sobre sí misma a cal y canto. La fe en la fe se endurece como una piedra, es un escándalo o piedra de tropezar. De tener algo esa fe desesperada no son manos abiertas que se dan y se toman sino puños cerrados. Ni brazos abiertos. Acaso la boca para comer y morder, no para besar. Ni siquiera para compartir el pan y la palabra.

La fe en el Otro de todos nosotros, es muy personal. Es libre, faltaría más. Como el amor. Pero no caprichosa, que el capricho es cosa de cabras. Lo que les lleva al monte para comer y engordar como quiere el pastor. No las cabras, sino el pastor que es siempre un carnicero que lleva su ganado al matadero.
La fe es libre sin duda alguna. Y a pesar de la duda – pues no se cree sin duda alguna- es una determinación responsable. Es confianza. No es la certeza de haber llegado, es el sentido y la apertura: la salida al encuentro del Otro en cada paso. Y el prójimo, compañero, un atajo. Abrirse al otro puede y debe ser un adelanto en el buen camino. Un anticipo incluso. Sobre todo cuando se para y se repara en otros que necesitan y piden atención.
Más que la plaza para bailar aunque sea agarrado, lo mejor es desplazarse y abrirse para caminar. Pero eso sí , para caminar agarrados. Abiertos siempre, y atentos con los otros. Dispuestos para ayudar y confiados para dejarse ayudar, Para compartir el pan y la vianda, compañeros. Que no tenemos aquí ciudad permanente. ¿Nos abrimos? Eso es lo que quiero y para todos - como para mi – deseo.

Baile o camino, vivir no se hace sin los otros. Que así, a solas, es desolador y una maldición cuando se dice a otro “con su pan se lo coma”. En cambio la compañía, como el amor, es una bendición y una gracia. No el pan que se reparte como el pienso en una granja. Sino el bien común que se comparte. No el pan de los pobres, que es lo menos que se les puede dar para que no mueran de hambre. Sino el pan de vida, el sustento que nos sustenta a todos. El que mantiene en pie la dignidad, el respeto y el el amor: la fraternidad, que es la perfección de la libertad y de la igualdad. Y de la vida verdadera que tenemos que hacer siempre, de la convivencia. Que la muerte es solo lo que nos pasa

José Bada
31-10-2019


jueves, 21 de noviembre de 2019

Verso suelto


Verso suelto, para las fiestas del Pilar
Las fiesta del Pilar vuelve todos los años como las borrajas a su tiempo y los nabos en adviento, cumple. Acude a la cita, y la columna es como una fita en el espacio.Si ésta nos reúne aquí en Zaragoza, aquella nos concita y convoca para la fiesta el 12 de octubre. La fiesta del Pilar es el día señalado entre todos los días del año y la columna como la estaca que destaca el centro del mundo que habitamos. Nuestro mundo es en cierto modo redondo; es decir, ordenado en el espacio y en el tiempo.
Para sobrevivir en el Ebro hay que saber nadar, flotar y sacar la cabeza. En tierra firme en cambio es posible con tal de respetar y conservar el orden establecido en su ribera. Lo dicho vale de un mundo tradicional y de un pueblo asentado en sus tradiciones. No en la tradición muerta y enlatada, conservada fuera de la historia. Sino en curso, viva y convivida. Pero no basta para una sociedad abierta que viva y sobreviva desde la libertad y para un pueblo que esté siempre en camino. Las fiestas del Pilar no son para nosotros un evento de no te menees. Ni su plaza un lugar para quedarse. Sino un alto en el camino donde parar y reparar, para recordar de donde venimos y , sobre todo, para saber a donde queremos ir. Una cita que nos emplaza para desplazarnos de nuevo.