Recordar
el pasado, ver el presente y avanzar hacia el futuro, eso es
ex-istir: abrirse al otro y a todos los otros . Es salir con un
pie en tierra y otro en el aire. Es caminar. No es estar ahí como
una piedra de tropezar, que eso es un escándalo; ni crecer aquí
como una planta, que eso es vegetar. Es acaso sembrar y en modo
alguno comer hasta la simiente, recomerse o consumirse consumiendo,
que eso es morir o acabar sin comenzar tan siquiera a vivir. No es
estar de fijo aquí y ahora, enterrado. Es crecer acaso, pero no
como las plantas en un lugar. Com
la borraina al sol de Artesa. Que el camino no es lugar para
quedarse y las plantas de los pies no tienen raices. Ala, entavant.
Pa Nadal un pas de gall, i que sigue per a bé.
martes, 21 de enero de 2020
lunes, 20 de enero de 2020
No somos ecológicos
Verso suelto
No
somos ecológicos. Las plantas de los pies no tienen raíces: no
vivimos necesariamente en ningún territorio, ni hay una reserva
específica para los humanos en ningún sitio. No estamos adaptados a
ningún medio y podemos vivir en cualquiera siempre que lo hagamos
habitable. En este sentido se ha dicho que los humanos somos animales
inacabados. Y más que estar aquí, para nosotros vivir es existir.
No insistir, que todo es camino y no hay en el camino lugar para
quedarse. Y cuando digo todo, me refiero también a la cultura y al
orden establecido. Vivimos en el tiempo y en la historia que hacemos
más que en la casa en que paramos. Y Aunque tenemos que morir no
nacemos para acabar, sino para comenzar. Y para eso hay que abrirse
con los pies en tierra. No basta con abrir los ojos o mirar por la
ventana. Se sale por la puerta y se avanza paso a paso con los
otros compartiendo el pan y la palabra, el camino y la vianda. Sin
sacar los cuernos ni quedarse dentro como los caracoles, que eso no
es abrirse ni pisar la tierra: es arrastrase con la casa encima.
15-1-2020
jueves, 2 de enero de 2020
AÑO NUEVO
AÑO NUEVO PARA COMENZAR
Año año nuevo, vida
mueva. Eso es lo que se dice, lo que repite la gente por estas
fechas. Pero la vida como la historia no vuelve a las andadas como el
trillo por la era, ¡anda ya! Es un camino abierto: recto, aunque no
siempre correcto ni mucho menos. Hijo de la libertad, puede ser como
todo lo que hacemos las personas: bueno o malo en general y ,en
particular, depende. También del pasado, por supuesto, pero no sólo.
Que el pasado tiene su peso en el presente, ¿dónde si no?, y
define la situación o circunstancia que condiciona la vida y la
historia que hacemos. Aunque no absolutamente. La vida nueva, la que
nos deseamos los unos a los otros al comenzar el año nuevo, depende
mucho de nuestra voluntad. De una voluntad responsable que no sale
sólo por la boca y se pierde en buenas palabras, esas que se lleva
el viento. Sino de una voluntad en ejercicio que sale del corazón
y anda muy ocupada, que merece el respeto y la confianza de todos
por lo que hace. Que cubre bien el trecho que va del dicho al hecho.
Lo que escribo vale, por
supuesto, para los políticos. Pero antes para uno mismo. Y es en
mi caso una reflexión en voz alta que me compromete. Sin olvidar que
políticos somos todos con tal que seamos ciudadanos y personas
adultas en sus cabales. Si deseamos que salga el sol todos los días
para todo el mundo, lo mejor que podemos hacer cada uno en la
historia es aguantar encendida la vela que nos toca. Ese es el
cirio, el problema y la responsabilidad intransferible que tenemos.
Desear un año nuevo y una vida nueva, solo eso, es nada más que
humo de pajas: un rito que se repite siempre en estas fiestas. Como
el clima en invierto, naturalmente. No va a ninguna parte. No en la
historia. Sin luz ni calor, eso no aporta nada que caliente motores
y encienda los faros. No viene para comenzar. Vuelve para quedarse.
En la historia una
democracia sin demócratas ha sido y sigue siendo lo mismo que una
iglesia sin fieles. Hablar mal de los políticos propiamente dichos
es una mala costumbre que no disculpa a los ciudadanos ociosos, a
los “idiotas” como llamaban los griegos a los que pasaban de
hacer política y se ocupaban sólo de sus negocios privados. Lo que
se hecha en falta hoy no es hablar sobre ellos sino con ellos sin
pelos en la lengua, gritando si es preciso, para que nos escuchen y
respondan de lo que hacen ante el pueblo soberano que los ha elegido.
Y es ir a mejor eligiendo a los mejores. No habrá un buen futuro
para España si no hay mejores políticos , ni mejores políticos sin
mejores ciudadanos. Ni vida nueva con viejas y malas costumbres.
Desearlo sin más en estas fechas es una superstición que no cambia
nada. Hay que poner la esperanza a trabajar, sabiendo que la
paciencia es eso; no la queja o la resignación, sino el trabajo
personal en la parte que nos toca. O parcela. Que la cosecha no cae
del cielo. Y si todos hacemos en la tierra lo que debemos aquí y
ahora, en el huerto de casa, habrá mañana cosecha para todos los
vecinos ybajaran los precios enla plaza. Y si no es así, no caerá
esa breva. Será otra vez un año, ciertamente: pero no el año
nuevo que nos deseamos los unos aa los otros.....siguiendo la
costumbre. No será lo que nos dicta la conciencia. Y por mucho que
digamos, nos cogerá el tren. ¿Feliz año nuevo? ¡Anda ya! Que lo
otro es chiflar. En cuyo caso es mejor apartarse en silencio.
Todos somos políticos,
todas las personas adultas y cabales. Todos lo que votamos o dejamos
de hacerlo en una democracia haciendo dejación de nuestro derecho
que es también un deber, una responsabilidad. Si no hacemos
política, no tenemos derecho a criticar la que se hace. Es tan
estúpido como criticar el tiempo que hace, o quejarse porque no
llueve. Es blasfemar contra los políticos activos, hablar mal de
todos ellos para disculparse de todo. Los políticos son....¡Para!,
unos son malos -puede que demasiados- y otros mejores que tú.
Ponerlos a todos en el mismo saco
son ganas de enredar.
En su obra La
condición humana
escribe Hannah Arendt: “Los humanos, aunque han de morir, no han
nacido para eso sino para comenzar”. Cada nacimiento es para ella
un nuevo comienzo, y cada acción nueva e inesperada como volver a
nacer. En vez de enredar y enredarse sin hacer nada, tendríamos que
nacer o comenzar en cada situación. No solo al comenzar el año,
aunque también. Año nuevo, vida nueva. Por supuesto, pero de verdad
y en cada situación. Que para comenzar no hay que esperar esa
fecha. Ni cambiar el calendario, sino la vida.
José
Bada
29-12.2019
sábado, 14 de diciembre de 2019
¡No al cambio climático!
VERSO SUELTO
No conduzco, camino despacio y si
quiero voy donde me llevan si está lejos ....y ,si no, me quedo en
casa. Lo que no hago es dejar de pensar con mi cabeza y decir lo que
pienso sin pelos en la lengua a poco que me tiren de ella. Soy un
cascarrabias a veces, otras un cantamañanas y siempre un viejo que
larga como casi todos los viejos cuando les escuchan. Me piden un
verso suelto, y no puedo negarme. Hablaré del cambio climático. Que
Greta Thumberg lo haga se comprende. A sus años no deja de ser
para ella, adolescente aún , su problema. Lo que peligra es nada
más y nada menos que su casa y su mundo: su porvenir y su vida,
todo eso que cabe esperar y puede irse a pique si no hacemos nada
para evitarlo. Por tanto, es también nuestro probelma: no porque
nos vaya en ello nuestro mundo y nuestra vida, que ya está hecha.
Sino porque podemos perder aún lo poco que nos queda: la dignidad,
si lo tomamos solo como un tema y no hacemos nada para evitar que
pase lo que nunca debería pasar.
¡NO AL CAMBIO CLIMÁTICO!
viernes, 6 de diciembre de 2019
"·Concordanza"
“CONCORDANZA”
Si no hay concordancia,
con-sentimiento y “concordanza” , la vida es un baile suelto
pero no agarrado. Algo así como dar vueltas como un pirulo,
girando sobre uno mismo hasta caer muerto. A no ser que el pirulo,
proyectado para bailar, se tire para matar; es decir, para destrozar
a los otros. Pero eso se hacía en mi pueblo con la galdrufa -que
es como llaman allí a la peonza- que era más grande, más pesada y
más dura que el pirulo. Este se actuaba con los dedos, sin cuerda,
y solo para bailar. La galdrufa en cambio, salvo excepciones, la
tirábamos a matar con una cuerda. Yo tenía una de carrasca, calzada
con un clavo de herradura para dar golpes o coces como una mula.
Después de chupar una punta de la cuerda, envolvía con ella y
sobre ella el resto de la misma hasta cubrir toda la galdrufa y
agarrar con la derecha la otra punta. Salvo cuando jugábamos sin
competir y las galdrufas bailaban juntas como los mozos y las mozas
en la plaza del pueblo para las fiestas, nosotros tirábamos a matar
y derrotar al adversario. Aquello era un juego muy bruto. Con los
pirulos competíamos para ver quién y cómo hacía bailar al suyo
más tiempo sobre una cuerda, sobre las manos o en el suelo. Y eso
era distinto, aunque más aburrido. Era sólo bailar y bailar solo,
no agarrado.
La concordia y el
acuerdo es lo contrario del abrazo del oso, que mata. Es el abrazo
que une. El abrazo del hombre que se abre, que sale de la caverna ,
de la barbarie y de sí mismo: de su pasado, para encontrarse con
otros. Para compartir el camino y la vianda , para abrazarse en un
nosotros en el que quepamos todos. Siendo el otro - el prójimo - un
atajo para llegar al Otro de todos nosotros : el destino o la casa
donde el camino acaba y los caminantes se recogen. Mientras tanto la
verdad es el lo que hay: el sentido, un anticipo de la que nos
falta nada más y nada menos. Que no es el camino lugar para
quedarse, compañeros. Y eso que llamamos fe no es fe en la fe,
sino en lo que está por ver y por venir. La fe en la fe no tiene
pies ni cabeza, es una esperanza de fijo: desesperante, que se planta
sin dar un paso. Que echa raíces sin dar fruto. Sin corazón ni
coraje para caminar con un pie en tierra y otro en el aire. No es
responsable, es hija del miedo. Y más que existir, in-siste y se
cierra sobre sí misma a cal y canto. La fe en la fe se endurece
como una piedra, es un escándalo o piedra de tropezar. De tener algo
esa fe desesperada no son manos abiertas que se dan y se toman sino
puños cerrados. Ni brazos abiertos. Acaso la boca para comer y
morder, no para besar. Ni siquiera para compartir el pan y la
palabra.
La fe en el Otro de
todos nosotros, es muy personal. Es libre, faltaría más. Como el
amor. Pero no caprichosa, que el capricho es cosa de cabras. Lo que
les lleva al monte para comer y engordar como quiere el pastor. No
las cabras, sino el pastor que es siempre un carnicero que lleva su
ganado al matadero.
La fe es libre sin duda
alguna. Y a pesar de la duda – pues no se cree sin duda alguna- es
una determinación responsable. Es confianza. No es la certeza de
haber llegado, es el sentido y la apertura: la salida al encuentro
del Otro en cada paso. Y el prójimo, compañero, un atajo. Abrirse
al otro puede y debe ser un adelanto en el buen camino. Un anticipo
incluso. Sobre todo cuando se para y se repara en otros que necesitan
y piden atención.
Más que la plaza para
bailar aunque sea agarrado, lo mejor es desplazarse y abrirse para
caminar. Pero eso sí , para caminar agarrados. Abiertos siempre, y
atentos con los otros. Dispuestos para ayudar y confiados para
dejarse ayudar, Para compartir el pan y la vianda, compañeros. Que
no tenemos aquí ciudad permanente. ¿Nos abrimos? Eso es lo que
quiero y para todos - como para mi – deseo.
Baile o camino, vivir no
se hace sin los otros. Que así, a solas, es desolador y una
maldición cuando se dice a otro “con su pan se lo coma”. En
cambio la compañía, como el amor, es una bendición y una gracia.
No el pan que se reparte como el pienso en una granja. Sino el bien
común que se comparte. No el pan de los pobres, que es lo menos que
se les puede dar para que no mueran de hambre. Sino el pan de vida,
el sustento que nos sustenta a todos. El que mantiene en pie la
dignidad, el respeto y el el amor: la fraternidad, que es la
perfección de la libertad y de la igualdad. Y de la vida
verdadera que tenemos que hacer siempre, de la convivencia. Que la
muerte es solo lo que nos pasa
José Bada
31-10-2019
jueves, 21 de noviembre de 2019
Verso suelto
Verso suelto, para las
fiestas del Pilar
Las fiesta del Pilar
vuelve todos los años como las borrajas a su tiempo y los nabos en
adviento, cumple. Acude a la cita, y la columna es como una fita en
el espacio.Si ésta nos reúne aquí en Zaragoza, aquella nos
concita y convoca para la fiesta el 12 de octubre. La fiesta del
Pilar es el día señalado entre todos los días del año y la
columna como la estaca que destaca el centro del mundo que habitamos.
Nuestro mundo es en cierto modo redondo; es decir, ordenado en el
espacio y en el tiempo.
Para sobrevivir en el
Ebro hay que saber nadar, flotar y sacar la cabeza. En tierra firme
en cambio es posible con tal de respetar y conservar el orden
establecido en su ribera. Lo dicho vale de un mundo tradicional y de
un pueblo asentado en sus tradiciones. No en la tradición muerta y
enlatada, conservada fuera de la historia. Sino en curso, viva y
convivida. Pero no basta para una sociedad abierta que viva y
sobreviva desde la libertad y para un pueblo que esté siempre en
camino. Las fiestas del Pilar no son para nosotros un evento de no te
menees. Ni su plaza un lugar para quedarse. Sino un alto en el
camino donde parar y reparar, para recordar de donde venimos y ,
sobre todo, para saber a donde queremos ir. Una cita que nos emplaza
para desplazarnos de nuevo.
miércoles, 20 de noviembre de 2019
Artículo publicado
EL MURO Y LOS PREJUICIOS
A los pocos días de caer el muro de Berlín, pasé por allí
con mi esposa y me traje un trozo arrancado de él con la ayuda de un
mazo y un cortafríos que alquilaban a los turistas. He perdido a mi
esposa mientras tanto, pero conservo vivo su recuerdo. Lo que no
encuentro ya , aunque estoy seguro de tenerlo en algún sitio
escondido es aquella reliquia del muro. No importa . En este caso lo
preocupante no es el olvido. Ni ayuda mucho la memoria de lo que fue
para evitar otros muros semejantes que puedan ser todavía. Derribar
un muro y abrir una puerta, convertir ésta en arco de triunfo para
celebrar el paso de los caminantes no lo es todo. Pero además
aquello es ya un símbolo devaluado, un monumento para turistas que
están de vuelta de todo lo que hay que ver. En este mundo en el que
el dinero no tiene fronteras y la información apenas, en el que
uno va donde quiere sin que nada lo impida, lo que obstaculiza la
convivencia pacífica ya no son aquellos muros. Sino otros
invisibles : los prejuicios de la mente y los motivos del corazón
que la razón no comprende. Son las prevenciones de entrada contra
los otros que no son obviamente como nosotros. Es la hostilidad
incompatible con la hospitalidad. Una mente despejada sin
prejuicios y un corazón abierto serían la gracia y la gloria para
todos y todas. Destruido el muro tendríamos así un arco de triunfo
espiritual para celebrar el paso, realzar el camino, concitar a los
compañeros y seguir en buena compañía.
Los humanos tenemos siempre los oídos abiertos, y los ojos que
cerramos sólo para dormir salvo raras excepciones. Pero no es lo
mismo oír que escuchar, ni ver que mirar. No podemos evitar oír lo
que no queremos escuchar, ni ver lo que no queremos mirar. Pero
podemos oír como quien oye llover, y ver sin mirar. Y es lo que
hacemos normalmente cuando nos conviene o eso parece. Prevenidos y
escarmentados, nos protegemos y defendemos de las impertinencias y
de los impertinentes con los prejuicios.
Vivimos en un mundo en el que los prejuicios de acá y de allá, de
unos y otros, hacen imposible la convivencia y la paz entre todos
nosotros. Somos diferentes, pero lo malo no es eso sino que las
diferencias sean incompatibles. Que sean muy suyas; es decir, muy
nuestras en cada caso y solo por eso incuestionables. No abiertas
ni complementarias, sino cerradas sin duda alguna. Como una
afirmación que se repite o , mejor, que no cambia ni discurre:
como el tronco que lleva el río, siempre el mismo -idéntico- y no
como el río que cambia el curso hasta llegar al mar. Como una
afirmación consolidada, bala embalada o piedra de tropezar en el
camino. Esa firmeza fatal, ese fanatismo, es fe en la fe sin duda
alguna. Y por tanto la corrupción de la fe en Dios, que no
comprendemos, y por supuesto en los hombres en quienes no confiamos.
Entre el que no cree absolutamente en nada y el que cree
absolutamente en su fe, no hay diferencia cualitativa. Ninguno de los
dos cree en Dios, ni en las personas. No se fía ni confía. Por eso
necesita creer sin escuchar. Y para eso le basta y sobra cualquier
fe.
En un mundo de fanáticos la paz y la convivencia entre todos es
imposible. Lo malo de un mundo tan poblado y de un espacio limitado
en el que todos y todo se mueve a gran velocidad, es entonces que las
fricciones y los conflictos aumentan sin remedio. Ya no hay tierra
suficiente para separar a tanto enemigo. Los prejuicios individuales
o compartidos: las identidades fanáticas y las ideologías
partidistas se afirman obstinadamente contra los otros. Sin que el
diálogo sea posible, ni evitables el grito y la barbarie.
Esta prevención contra los otros y la desconfianza con los
extraños, este sistema defensivo o esa defensa por sistema, nos
encierra y yuxtapone los unos a los otros como objetos. Pasamos
de los otros sin parar ni reparar en ellos y vamos por el mundo con
la casa encima pero mucho más deprisa que los caracoles. En modo
alguno abiertos, sino encerrados por cercos y muros invisibles. Cayó
el muro de Berlín. Pero cuando caen los muros y las fronteras,
lejos de reunirnos en la plaza o desplazarnos juntos compartiendo el
camino y la vianda - no menos que la vida y la palabra - , vemos que
no nos vemos o miramos y por supuesto -si oímos aún- lo que no
hacemos es escucharnos los unos a los otros.
Así no vamos a un mundo mejor. Nos movemos, eso sí. Y al
movernos sin encontrarnos -sin mediar palabra- aumentan los
accidentes de tráfico. La alternativa no es suprimir las
diferencias, sino tenerlas en cuenta haciendo que los contrarios
sean complementarios. La tolerancia bien entendida es eso, y el
diálogo lo mismo. Todo se puede compartir sin duda alguna entre
caminantes que buscan lo mejor para todos. Todo hasta llegar a la
casa común. Lo que no se puede es es caminar y quedarse cada
quien en la suya o con los suyos; es decir, en su agujero. Que en eso
queda, sin dar un paso, el que pasa de los otros. No se abre.
José Bada
14-11-2019
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