Este es un libro imperfecto como la vida misma y, por tanto, abierto. Ojalá que no resulte aburrido, ni divertido. No es un libro de horas. Pero requiere algún tiempo y un poco de atención. Gracias.
El
trato es un juego en el que las partes buscan cada una salir ganando.
Como todos los juegos,éste está sometido a unas reglas. Y se cierra
con un contrato.
Hallamos hace poco * en el huerto un
nido de paloma torcaz con un huevo y dos polluelos. Dos días
después eran tres. Y ayer, día de San Jorge que es el de Aragón,
seguían vivos y apretados los tres polluelos en el mismo nido. Hoy
no había más que dos. Supongo que a uno, probablemente al
“caganiu” como decimos en Favara, lo echaron los otros dos.
No somos estatuas, ni
estamos ahí como las piedras. No tenemos raíces, ni vegetamos aquí
como las plantas. No nos movemos de un lugar a otro como los
animales en busca de alimento y de pareja para vivir solo como uno
de tantos individuos a fin de asegurar la reproducción y la
supervivencia de la especie a la que pertenecen. El ser humano más
que estar en sí mismo y subsistir como especie en la naturaleza,
más que insistir en ello o consistir con otros, se distingue
porque existe y coexiste como ser abierto en un mundo abierto.
Porque sale y trasciende de sí mismo como persona.
Hace tiempo, más de un
año probablemente, que tengo sobre la mesilla de noche un libro de
J.B. Metz que había leído ya en 1964 y hojeado/ojeado después
ocasionalmente, hasta que lo dejé donde hoy lo encuentro.
El
Ebro desbordado vuelve a su cauce, florecen los almendros, regresan
las golondrinas, pasan las grullas y suenan los
tambores que anuncian impacientes la Pasión del Viernes Santo.