miércoles, 1 de mayo de 2019

EL TEMA Y EL PROBLEMA



NADA PERSONAL

Vamos sobre ruedas y cada vez más deprisa, despegados de la tierra, volando como quien dice, ese es el tema. Pero el problema es que no sabemos a donde. Al no estar aquí con los pies en el suelo andamos por ahí perdidos sin encontrarnos con nadie, ni tan siquiera con nosotros mismos. Sin parar ni reparar en nada y en nadie, en vez de vivir a tope - que eso sería desvivirse con otros y por otros: vivir y convivir aquí- estamos en contacto con todo el mundo y ausentes en casa para los vecinos. No existimos aquí, que es el lugar de la responsabilidad, donde tenemos el cuerpo al alcance de un abrazo con los otros. Pero no estamos aquí realmente, virtuosamente. Sino acaso virtualmente y así conectados por demás con todo el mundo: en la red, enredados y enredando. Abarcando mucho y abrazando poco. Hemos pasado de una forma de vida artesana, sin intermediarios, cara a cara, a una vida artificial producida en cantidades industriales en serie: Impersonal. Del yo vivo , al se vive: se lleva, se dice, y se vive de la gente. Apenas nos queda solo morir, pues cada uno muere solo. Pero eso más que hacer, es lo que nos pasa. Lo que ha de pasar, y no la vida que podríamos y deberíamos hacer personalmente.


miércoles, 24 de abril de 2019

DES-TERRAJE


LA ESPAÑA VACÍA

Ese es el tema. Pero el problema de fondo no es la despoblación del territorio; que eso pertenece a la geografía humana y a la demografía, y es asunto que compete a la ordenación del territorio. Por tanto nada que pueda resolverse con medidas meramente políticas o recursos económicos para asentar la población o fijarla sobre el territorio. Lo que pasa en la España vacía es más de lo mismo que pasa en un mundo que va sobre ruedas sin que nadie conozca el destino y hacia dónde vamos a parar. Como si la humanidad entera, hecha del mismo barro – del humus o de la tierra- estuviera en trance de despegarse de ella y se concentrara en las ciudades sobre el asfalto dispuesta a salir volando. Asistimos a un proceso de urbanización o destierro que parece imparable en todo el mundo, donde más de una sola ciudad alcanza ya una población aproximada a la que tiene España.

Pero ese no es el problema de fondo, como queda dicho. Sino el escándalo que solo nos hace hablar, cuando debería darnos más para pensar. El tema de la España vacía oculta lo que deberíamos ver y pensar con mucha más preocupación. Lo que sucede en todas partes - incluso en los pueblos que no pierden habitantes- es que los pueblos se deshacen o despueblan en otro sentido. Como pasa en el mío – es un decir, pues ya no existe- que los pierde pero menos y sin embargo ya no reconozco. Y como tantos otros con las calles vacías, y las casas sin hogar ni el viejo en su rincón que antes no podía faltar. Que se parecen tanto a los pisos de la capital, donde tampoco falta el televisor y alguien tendido en el sofá que no está en casa para nadie que venga de fuera.
Los pueblos de la España vacía se quedan sin vecinos en ejercicio aunque estén empadronados allí o tengan incluso el cuerpo sin estar para nadie. Los habitantes del lugar son “ciudadanos” ocultos o vergonzantes: quieren y no pueden vivir como los que viven ostensiblemente en las ciudades. En las ciudades los urbanitas se ven más en la calle -la gente, quiero decir- pero tampoco se encuentra personalmente ni bajan a la calle para encontrarse salvo raras excepciones.
Lo que se pierde en casi todos los pueblos aunque no pierdan habitantes es toda una forma de vida. Y eso, amigos, es el problema de fondo. La causa de la España vacía, y este el efecto que lamentamos. Para vivir como en las ciudades es preferible vivir en ellas. Porque siempre el original será mejor que la copia. Pues eso, no hace falta darle vueltas.

La cultura es una forma de vida y al servicio de la vida que llevamos . Ya sea para vivir a tope , y eso es desvivirse por otros y con otros. O para sacar de ella lo que uno pueda. La razón instrumental, técnicamente más desarrollada, va siempre a lo suyo, es más competitiva y en tal sentido más profesional. Es un saber hacer cualquier cosa. Y para eso sirven las dos manos: para coger, abarcar. trabajar, manejar, y dar golpes... Sin pillarse los dedos, claro, que puede suceder sin embargo por accidente. Y menos para abrazar y comprender, aunque también siempre que mande la buena voluntad: la otra razón, la del corazón que también las tiene y no sólo la cabeza. El corazón que es por supuesto más cordial y más entrañable, más profundo y más abierto. El motor de la vida, la fuente de donde viene el agua que canta: el silencio que ama. Y al hacer la vida - que no es cualquier cosa sino convivencia- nos hace también humanos.

Antes de deshacerse o despoblarse, en los pueblos se cuidaba más todo lo concreto: lo que nacía y crecía en el mundo de la vida, y se cultivaba la relación con los vecinos. En ese cultivo destacaba la mujer por su cuidado, del que no siempre aprendimos los hombres más diestros y siniestros en hacer cosas. La igualdad en derechos de las personas no me impide reconocer la diferencia entre unos y otras y aprender lo mejor de las otras. Pensando en un futuro mejor para todos pienso en mi madre y en todas las mujeres, en su excelencia que es el cuidado y no es precisamente un legado masculino. Y al pensar en la España vacía – no menos que en los viejos y en los niños - pienso más en el amor y el cuidado que en las leyes y el dinero.

Desde el recuerdo propongo poner la esperanza a trabajar, y pienso en el cuidado. No es un sueño, es una corazonada como flor en primavera. Y me hago esta pregunta: ¿Por qué diantres o diablos no cuidamos de los viejos y los niños en los pueblos en vez de concentrarlos en la ciudades y aparcarlos en las escuelas y colegios, asilos y residencias donde aumentan y crecen como tumores extraños del cuerpo social? De ser así, la España vacía y sin corazón, tendría en los pueblos su corazón lleno. Y muchos más habitantes con corazón. Menos casas vacías y casi todas abiertas. Sin concentrar a nadie ni concentrarse. Libres en la calle y en la propia casa. Libres al aire libre, acompañados y en compañía. Conviviendo, no muriendo aparcados y apartados. ¡Cuidado! Lo dicho es una flor en primavera que promete el fruto cierto... si apostamos.


José Bada
9-4-2019


jueves, 11 de abril de 2019

LA PALABRA NO SE TRAGA


PENSANDO EN MIS LECTORES


No es sólo la información lo que importa. Ni estar enterado de lo que hay en el mundo, lo que pasa y lo pasado para contarlo. Que eso es un tema que sale en los medios de comunicación. Ni la opinión publicada. No es la información sobre el mundo de la vida, sino la vida que llevamos. No la que se hace en general, que sigue siendo lo que pasa. Sino tu vida y la mía, la de cada persona. Que la vida es siempre personal. Y la convivencia también. Que no hay convivencia si no compartimos la vida personalmente. Ni palabra en vivo si nadie la escucha como persona.

De la vida y de la convivencia - de la palabra y la conversación- quisiera decir algo a mis lectores que me compromete como autor personalmente. Pensando en ti que me lees - gracias- y escribiendo para ti, reflexiono hoy sobre lo que hago: la escritura, y lo que espero que hagas como lector. Para eso no necesito pretexto ni preciso ocasión alguna. Tengo motivos sólo con bajar a la calle y ver un montón de libros tirados a la basura junto a otros desperdicios .

Pienso que se lee poco, que se lee mal y apenas se dialoga en este país. Sin que sea por desgracia la excepción, sino la regla establecida por el uso en un mundo consumista en el que prima la imagen, se come con los ojos y se tragan las palabras. Donde vamos por ahí tropezando sin encontrarnos, sin parar ni reparar en nada y en nadie. Sin pensar en lo que da que pensar, con más prejuicios que fronteras y oyendo sin escuchar a nadie.

El diálogo de Sócrates con sus vecinos fue desplazado por la retórica de los políticos para persuadir a los ciudadanos, la retórica por la propaganda de los clérigos para convertir a los paganos y la propaganda por la publicidad para llevarse el gato al agua -¡al océano!- del consumo en todo el mundo. Y en eso estamos. De “la caña pensante” que dijo Pascal nos queda apenas la caña en la opinión publicada : el cebo, el reclamo, el engaño para pescar. O la caña para dar caña, para pegar a diestro y siniestro. Hoy se lleva el ruido, el grito, el escándalo y la polémica de cara al público: el espectáculo. Y en absoluto la conversación serena, la palabra cabal, el diálogo responsable y el pensamiento libre. Pero siendo éste “ el principio de la moral” como dijo Blas - el de la caña- la falta de pensamiento nos lleva a la desmoralización en dos sentidos: a la falta de moral -a la amoralidad sustituida por el capricho- en la gente que se tira al monte como cabras y a un clima social dominante que desmoraliza a otros – les quita la fuerza moral, la virtud o el coraje- si es que piensan todavía a pesar de todo.

En esta situación histórica que lamento, pienso que la palabra que nadie escucha es apenas pensamiento: una parida acaso, un concepto abortado. Y que la letra que nadie lee está muerta. No en voz alta para que se oiga, oye, sino a la chita callando a veces y siempre escuchando; es decir, respondiendo y nunca tragando la letra sin decir nada. Que no se lee para repetir, sino para conversar y corresponder. Que repetir es devolver, un desprecio como tirar un libro a la basura. ¡Qué asco!
Pensar lo que se lee, lo que da que pensar es siempre responder. No con el estómago, que devuelve. Ni con los pies, que pisan pero no piensan y así no vamos a ninguna parte: nos llevan -como a Vicente- a donde va la gente. Sino con la propia cabeza. Dar por pensado lo que da que pensar es un desprecio que se paga y no enriquece a nadie. Pensar a fondo y en el fondo es también recordar, con la mente arraigada en un corazón abierto. En especial cuando no se piensa sobre algo – que eso es más bien registrar y calcular – sino en las personas y con ellas personalmente.

Abrir un libro sin abrirse, no tiene sentido. Oír sin escuchar, tampoco. El pensamiento se hace palabra cabal en el dialogo, en la conversación. Y la vida lo mismo. La palabra viva es como el pan que nos sustenta, se comparte y no se traga. Sólo así nos abrimos a lo que está por ver y por venir. Al Silencio que llama y pone en pie la pregunta que somos, la pregunta que es un saber consabido: obvio, y a la vez un saber insuficiente que busca la respuesta definitiva: la Palabra sin palabras que - de haberla - nos pondrá en casa con su presencia. Mientras tanto la vida es un camino, compañero. Una verdad en carne mortal y una experiencia en curso de verificación. Nada que ver con un experimento de laboratorio.

Ni con la razón instrumental que es una estrategia al servicio de parte, una herramienta -como hoy se dice- o el arma para alcanzar un objetivo en la guerra de todos y contra todos.

La vida y la convivencia son el camino abierto y el medio -el método, el único- para comprendernos los unos y los otros. Para abrazarnos todos nosotros, compañero.

José Bada
26-3-2019





jueves, 4 de abril de 2019

¡NUNCA MÁS!



VERSO SUELTO


La guerra ha terminado”, con estas palabras de Franco concluía el último parte de guerra emitido el 1 de abril de 1939, hace 80 años cuando yo tenía 9. De aquella guerra infame que no hicimos y padecimos los niños de mi generación y de la represión que le sobrevino con la dictadura guardé en secreto lo que nadie podía decir en público y lo que todos pudieron saber después de la Transición a la democracia, ¡en hora buena!. Pero ahora, cuando apenas hay testigos o quedan pocos, ni culpables en vida a los que interrogar -pues todos los muertos callan, sean víctimas o verdugos- a los niños de entonces nos toca poner a salvo los recuerdos que tenemos al servicio de la paz que deseamos para todos en este país. Para que nadie se desentienda de lo que nosotros, sin poderlo entender, nunca olvidaremos. Para que no se repita lo que nunca debió suceder. ¡Nunca más! Para que todos sepan - hasta los niños que van a la escuela- lo que pasó y nos pasó en este país. No para que nadie se sienta culpable, sino para que todos seamos responsables. ¡Viva España!




sábado, 16 de marzo de 2019

EN LA RED

ENREDADOS Y ENREDANDO 


            No es salir ni hacer camino al andar lo que hacen los turistas. Sino dar vueltas por caminos trillados como en la era. No es ir a casa: a la de todos, se entiende. Sino volver a la propia sin haber salido. No es abrirse. Es trasladarse como los caracoles con la casa encima. O más deprisa: disparados como balas perdidas, embalados. Sacando los cuernos apenas, tropezando a ciegas o atropellando a quienes cierran el paso. Viendo sólo lo que hay que ver: el escándalo. Sin mirar a los ojos, esa maravilla . Que lo suyo no es abrirse para abrazar, encontrarse y comprender a los otros.
           
             Esa forma de vida encerrada es insistir y en modo alguna existir. Es de hecho la negación de la humanidad que nos hace humanos, la renuncia del hombre a lo que debe ser todavía. Un mal rollo de la vida amortiguada y sepultada -ensimismada- que ya no está aquí para nadie. Y va por ahí perdida: sin encontrarse consigo al encontrarse con otros. Esta forma de vida irresponsable -impersonal- que se lleva en las ciudades se lleva también en los pueblos. La despoblación no es un problema meramente demográfico. Estar tumbado en el sofá frente al televisor o andar por ahí conectado sin encontrarse con nadie, pasa también en los pueblos. Es un hecho que delata el problema de la gente en general en nuestro mundo global.

           En la actualidad podemos hacer incluso turismo virtualmente sin movernos y estar en casa sin estar para nadie. De hecho vivimos enredados y enredando, despegados de la tierra o en la nube. Conectados más que presentes aquí, donde tenemos el cuerpo. Distraídos o abducidos del mundo de la vida, del mundo concreto que nos rodea en silencio sin decir nada cuando no estamos aquí como personas. Y por tanto abiertos y accesibles para otros. Sino en la higuera o andando por ahí perdidos Dios sabe donde pero no su hermano. Huyendo como Caín.
         
           El mundo de la vida humana, de la existencia, no es sólo un lugar habitado por las personas; que también, por supuesto. Ha sido y sigue siendo un orden establecido hasta cierto punto, asentado, firme y consentido, aceptado en principio, determinado. Es decir un mundo finito y definido frente al caos. Y en tal sentido ocupado por una comunidad. Pero esa comunidad humana no existe fuera de la historia. Ni el hombre como persona tampoco. Que hay mucho por hacer hasta llegar a la casa común: hasta ser todos juntos nosotros, la humanidad entera. Que ese es el destino y el sentido del camino: de la historia y de la vida. De tu vida y de la mía, compañero. De la nuestra.

           Y aquí y ahora - ese es el problema en la actual situación- vemos que se liquida la comunidad establecida o se disuelve, se evapora o se pierde andando por ahí en la nube de la comunicación permanente sin pasado ni futuro. Como una “eternidad efímera”, como dice M. Castells. De no caer por su propio peso en un agujero como tradición traicionada, muerta y enterrada con el pasado sin ningún futuro. En vez de caminar con un pie en tierra y otro en el aire, paso a paso, con determinación y como experiencia abierta en curso de verificación.

           Después de la comunidad tradicional la alternativa hoy no es la comunicación permanente sino la comunión que acontece poniendo al día la tradición sin salirse del camino. O lo que es lo mismo , poniendo el pasado al servicio de la esperanza y manteniendo viva la tradición. Que no es como el madero que lleva el río -siempre el mismo- sino más bien como el rio que nos lleva y va cambiando. No sin mojarnos, claro. Y tampoco sin cambiar y no hacer nada. Sin nadar y sacar la cabeza al menos, si no queremos ahogarnos. En vez de estar en la red enredando y enredados, detenidos y entretenidos sin hacer nada, el problema es hacer hoy con los otros lo que podemos y debemos: salir de un colectivismo patriotero que no va a ninguna parte y de una comunicación que a nada compromete si en eso se queda. Compartir el camino y la vianda, compañeros. La palabra cabal que es el diálogo, el mundo de la vida y la convivencia en este mundo: la existencia. Sin insistir en nada ni quedarse en casa, que no la hay para nadie todavía. Ni quedarse al margen o estar en las nubes. Sino en camino, al encuentro del otro y con todos los otros. Hasta llegar a ser todos personas humanas. Ese es el problema. O la tarta, que puede quedarse en tema o empanada si no pasamos del dicho al trecho. A la verdad que nace cuando se hace.

          Por mucha libertad que haya en este mundo - todos la tenemos toda para pensar y algunos incluso para escribir lo que pensamos- la gran mayoría tiene muy poca y así será mientras sea la igualdad escasa. Los menos serán más libres al ser “más iguales” que los otros. Aún así la perfección no está en la libertad y la igualdad, sino en la fraternidad. Sin ella la tarta de este mundo no pasará de ser una empanada. En cambio, con ella , sería para chuparse los dedos. La aspiración a la fraternidad universal nos orienta y nos pone en camino hasta llegar a casa. Cada paso en ese camino anticipa lo que debe ser todavía, es una prenda: una promesa y una experiencia abierta. Por ella y en ella nos encontramos , nos reconocemos y somos personas humanas del mismo barro en cuerpo presente, compañeros en camino a la misma casa: la Humanidad después de todo. Es lo mejor que podemos pensar. Pero del dicho al hecho....Pues eso.

 José Bada 13-3-2019.

miércoles, 6 de marzo de 2019

EL TEMA ES...



VERSO SUELTO

El uso de una la lengua delata la mentalidad de sus hablantes. Si apenas se dice en castellano problema y en su lugar decimos hoy el tema..., puede que ya no haya problemas bien porque la gente no los toma como tales si no tienen solución, como la muerte, y si la tienen tampoco porque se resuelven o todo pasa con el tiempo. O quizás porque el problema lo tiene la persona, que calla y apenas escucha, y el tema es....pues eso: lo que dice la gente sin mayor compromiso. Lo que antes preocupaba a personas responsables que se hacían cargo era un problema, y aquello de lo que hablan hoy los políticos demasiado no pasa de ser para ellos un tema. Lo mismo que para los ciudadanos cuando critican al gobierno.
Y si decimos evento en lugar de acto a todo lo que anotamos en la agenda, puede que sea porque asistimos a encuentros de “no te lo pierdas” y nos olvidamos de aquellos en los que se decide la historia.


PARA TODAS Y TODOS


EL DÍA DE LA MUJER


Compañera es la mujer y el hombre su compañero, tal para cual. Que no hay humanidad sin mutua relación entre ellas y ellos. El día ocho de marzo se celebra sin embargo el Día de la Mujer. ¿Por qué? Que yo sepa no hay otro semejante para los hombres. Lo que no deja de ser una discriminación “positiva” para ellas; es decir, un agravio comparativo y puede que la excepción para confirmar la regla: una licencia que podemos permitirnos los hombres. Como el orden establecido los carnavales y nosotros el día de Santa Águeda para que manden las mujeres.

Pero no es eso. No es eso lo que debería ser. Y para que no sea así, me declaro feminista sin dejar de ser un hombre y , sobre todo, una persona como ellas y con ellas. Ni más ni menos. ¿El Día de la Mujer ? Esa es también mi fiesta y mi bandera, mi cita y mi compromiso. Por lo menos hasta conseguir que todos los días sean iguales para todas las personas bajo un mismo sol de justicia sin discriminar a nadie por su género. ¿Que las mujeres son distintas? Por supuesto, no solo de los hombres en general sino entre sí como personas ¡Faltaría más! Pero todas las personas somos iguales -deberíamos ser realmente iguales- en derechos y en dignidad...
Bueno, bueno , bueno...... ¡eso es lo que pensaba! Pero ahora sé que también se celebra el Día gel Hombre desde hace años. Menos mal que todo está en la Red y uno, que duda de muchas cosas, le ha preguntado a Siri y ésta le ha informado como es debido: “El Día Internacional del Hombre se celebra el 19 de noviembre . Fue establecido en 1992 por Thomas Oaster , profesor en la Universidad de Missouri-Kansas , y popularizado desde 1999 cuando comienza a celebrarse en todo el mundo. La directora del Programa Mujeres y Cultura de la Paz de la UNESCO, Ingeborg Breines, apoyó esta iniciativa desde el principio y ya entonces consideró la celebración de ese DIH "una excelente idea que proporcionará un poco de equilibrio entre géneros"

No obstante, después de saber lo que ignoraba, no voy a borrar ni una sola palabra de lo que he escrito. Para mí el Día de la Mujer es el Día de las personas que se declaran feministas, sean mujeres o no. Como hombre que soy no siento la necesidad de celebrarlo un solo día, pero como persona que también necesito declararme feminista todos los días y celebrarlo al menos una vez al año con mis compañeros y compañeras. Eso es para mí una opción estratégica, quiero estar con ellas y por ellas: lo necesito porque ellas son la parte marginada de la humanidad. ¡No los hombres, por favor!

En el mundo de la vida, son ellas sin comparación las peor tratadas. En casa, las servidoras; en el trabajo, las peor pagadas, y las maltratadas muchas veces por los otros. La violencia machista es ya un escándalo en este país, una una vergüenza. ¿Hasta cuándo? ¡Basta ya! Sin ellas y contra ellas, los hombres no somos humanos. No somos personas. Y como personas somos iguales que las mujeres, ni más ni menos.

Ser feminista , como no me canso de repetir, no tiene nada que ver con ser afeminado o menos hombre. De la misma manera que no es más mujer la que se pasa, y menos aún la que reniega de su condición y se comporta como un marimacho. La dignidad humana no está en las partes, ni es eso el sexo bien entendido. Ni siquiera la belleza del cuerpo más hermoso depende de los atributos, siendo como es todo el cuerpo – integramente - la presencia humana. Como una palabra visible o símbolo del alma y del espíritu en el mundo, y el estuche de la joya más preciada: el amor que sale del corazón humano a imagen y semejanza del Amor. ¿No es ese el nombre de Dios? Eso dicen y eso creo. Eso espero y eso es lo que para todas las personas como para mí deseo.

José Bada
2-3-2019