jueves, 11 de abril de 2019

LA PALABRA NO SE TRAGA


PENSANDO EN MIS LECTORES


No es sólo la información lo que importa. Ni estar enterado de lo que hay en el mundo, lo que pasa y lo pasado para contarlo. Que eso es un tema que sale en los medios de comunicación. Ni la opinión publicada. No es la información sobre el mundo de la vida, sino la vida que llevamos. No la que se hace en general, que sigue siendo lo que pasa. Sino tu vida y la mía, la de cada persona. Que la vida es siempre personal. Y la convivencia también. Que no hay convivencia si no compartimos la vida personalmente. Ni palabra en vivo si nadie la escucha como persona.

De la vida y de la convivencia - de la palabra y la conversación- quisiera decir algo a mis lectores que me compromete como autor personalmente. Pensando en ti que me lees - gracias- y escribiendo para ti, reflexiono hoy sobre lo que hago: la escritura, y lo que espero que hagas como lector. Para eso no necesito pretexto ni preciso ocasión alguna. Tengo motivos sólo con bajar a la calle y ver un montón de libros tirados a la basura junto a otros desperdicios .

Pienso que se lee poco, que se lee mal y apenas se dialoga en este país. Sin que sea por desgracia la excepción, sino la regla establecida por el uso en un mundo consumista en el que prima la imagen, se come con los ojos y se tragan las palabras. Donde vamos por ahí tropezando sin encontrarnos, sin parar ni reparar en nada y en nadie. Sin pensar en lo que da que pensar, con más prejuicios que fronteras y oyendo sin escuchar a nadie.

El diálogo de Sócrates con sus vecinos fue desplazado por la retórica de los políticos para persuadir a los ciudadanos, la retórica por la propaganda de los clérigos para convertir a los paganos y la propaganda por la publicidad para llevarse el gato al agua -¡al océano!- del consumo en todo el mundo. Y en eso estamos. De “la caña pensante” que dijo Pascal nos queda apenas la caña en la opinión publicada : el cebo, el reclamo, el engaño para pescar. O la caña para dar caña, para pegar a diestro y siniestro. Hoy se lleva el ruido, el grito, el escándalo y la polémica de cara al público: el espectáculo. Y en absoluto la conversación serena, la palabra cabal, el diálogo responsable y el pensamiento libre. Pero siendo éste “ el principio de la moral” como dijo Blas - el de la caña- la falta de pensamiento nos lleva a la desmoralización en dos sentidos: a la falta de moral -a la amoralidad sustituida por el capricho- en la gente que se tira al monte como cabras y a un clima social dominante que desmoraliza a otros – les quita la fuerza moral, la virtud o el coraje- si es que piensan todavía a pesar de todo.

En esta situación histórica que lamento, pienso que la palabra que nadie escucha es apenas pensamiento: una parida acaso, un concepto abortado. Y que la letra que nadie lee está muerta. No en voz alta para que se oiga, oye, sino a la chita callando a veces y siempre escuchando; es decir, respondiendo y nunca tragando la letra sin decir nada. Que no se lee para repetir, sino para conversar y corresponder. Que repetir es devolver, un desprecio como tirar un libro a la basura. ¡Qué asco!
Pensar lo que se lee, lo que da que pensar es siempre responder. No con el estómago, que devuelve. Ni con los pies, que pisan pero no piensan y así no vamos a ninguna parte: nos llevan -como a Vicente- a donde va la gente. Sino con la propia cabeza. Dar por pensado lo que da que pensar es un desprecio que se paga y no enriquece a nadie. Pensar a fondo y en el fondo es también recordar, con la mente arraigada en un corazón abierto. En especial cuando no se piensa sobre algo – que eso es más bien registrar y calcular – sino en las personas y con ellas personalmente.

Abrir un libro sin abrirse, no tiene sentido. Oír sin escuchar, tampoco. El pensamiento se hace palabra cabal en el dialogo, en la conversación. Y la vida lo mismo. La palabra viva es como el pan que nos sustenta, se comparte y no se traga. Sólo así nos abrimos a lo que está por ver y por venir. Al Silencio que llama y pone en pie la pregunta que somos, la pregunta que es un saber consabido: obvio, y a la vez un saber insuficiente que busca la respuesta definitiva: la Palabra sin palabras que - de haberla - nos pondrá en casa con su presencia. Mientras tanto la vida es un camino, compañero. Una verdad en carne mortal y una experiencia en curso de verificación. Nada que ver con un experimento de laboratorio.

Ni con la razón instrumental que es una estrategia al servicio de parte, una herramienta -como hoy se dice- o el arma para alcanzar un objetivo en la guerra de todos y contra todos.

La vida y la convivencia son el camino abierto y el medio -el método, el único- para comprendernos los unos y los otros. Para abrazarnos todos nosotros, compañero.

José Bada
26-3-2019





jueves, 4 de abril de 2019

¡NUNCA MÁS!



VERSO SUELTO


La guerra ha terminado”, con estas palabras de Franco concluía el último parte de guerra emitido el 1 de abril de 1939, hace 80 años cuando yo tenía 9. De aquella guerra infame que no hicimos y padecimos los niños de mi generación y de la represión que le sobrevino con la dictadura guardé en secreto lo que nadie podía decir en público y lo que todos pudieron saber después de la Transición a la democracia, ¡en hora buena!. Pero ahora, cuando apenas hay testigos o quedan pocos, ni culpables en vida a los que interrogar -pues todos los muertos callan, sean víctimas o verdugos- a los niños de entonces nos toca poner a salvo los recuerdos que tenemos al servicio de la paz que deseamos para todos en este país. Para que nadie se desentienda de lo que nosotros, sin poderlo entender, nunca olvidaremos. Para que no se repita lo que nunca debió suceder. ¡Nunca más! Para que todos sepan - hasta los niños que van a la escuela- lo que pasó y nos pasó en este país. No para que nadie se sienta culpable, sino para que todos seamos responsables. ¡Viva España!




sábado, 16 de marzo de 2019

EN LA RED

ENREDADOS Y ENREDANDO 


            No es salir ni hacer camino al andar lo que hacen los turistas. Sino dar vueltas por caminos trillados como en la era. No es ir a casa: a la de todos, se entiende. Sino volver a la propia sin haber salido. No es abrirse. Es trasladarse como los caracoles con la casa encima. O más deprisa: disparados como balas perdidas, embalados. Sacando los cuernos apenas, tropezando a ciegas o atropellando a quienes cierran el paso. Viendo sólo lo que hay que ver: el escándalo. Sin mirar a los ojos, esa maravilla . Que lo suyo no es abrirse para abrazar, encontrarse y comprender a los otros.
           
             Esa forma de vida encerrada es insistir y en modo alguna existir. Es de hecho la negación de la humanidad que nos hace humanos, la renuncia del hombre a lo que debe ser todavía. Un mal rollo de la vida amortiguada y sepultada -ensimismada- que ya no está aquí para nadie. Y va por ahí perdida: sin encontrarse consigo al encontrarse con otros. Esta forma de vida irresponsable -impersonal- que se lleva en las ciudades se lleva también en los pueblos. La despoblación no es un problema meramente demográfico. Estar tumbado en el sofá frente al televisor o andar por ahí conectado sin encontrarse con nadie, pasa también en los pueblos. Es un hecho que delata el problema de la gente en general en nuestro mundo global.

           En la actualidad podemos hacer incluso turismo virtualmente sin movernos y estar en casa sin estar para nadie. De hecho vivimos enredados y enredando, despegados de la tierra o en la nube. Conectados más que presentes aquí, donde tenemos el cuerpo. Distraídos o abducidos del mundo de la vida, del mundo concreto que nos rodea en silencio sin decir nada cuando no estamos aquí como personas. Y por tanto abiertos y accesibles para otros. Sino en la higuera o andando por ahí perdidos Dios sabe donde pero no su hermano. Huyendo como Caín.
         
           El mundo de la vida humana, de la existencia, no es sólo un lugar habitado por las personas; que también, por supuesto. Ha sido y sigue siendo un orden establecido hasta cierto punto, asentado, firme y consentido, aceptado en principio, determinado. Es decir un mundo finito y definido frente al caos. Y en tal sentido ocupado por una comunidad. Pero esa comunidad humana no existe fuera de la historia. Ni el hombre como persona tampoco. Que hay mucho por hacer hasta llegar a la casa común: hasta ser todos juntos nosotros, la humanidad entera. Que ese es el destino y el sentido del camino: de la historia y de la vida. De tu vida y de la mía, compañero. De la nuestra.

           Y aquí y ahora - ese es el problema en la actual situación- vemos que se liquida la comunidad establecida o se disuelve, se evapora o se pierde andando por ahí en la nube de la comunicación permanente sin pasado ni futuro. Como una “eternidad efímera”, como dice M. Castells. De no caer por su propio peso en un agujero como tradición traicionada, muerta y enterrada con el pasado sin ningún futuro. En vez de caminar con un pie en tierra y otro en el aire, paso a paso, con determinación y como experiencia abierta en curso de verificación.

           Después de la comunidad tradicional la alternativa hoy no es la comunicación permanente sino la comunión que acontece poniendo al día la tradición sin salirse del camino. O lo que es lo mismo , poniendo el pasado al servicio de la esperanza y manteniendo viva la tradición. Que no es como el madero que lleva el río -siempre el mismo- sino más bien como el rio que nos lleva y va cambiando. No sin mojarnos, claro. Y tampoco sin cambiar y no hacer nada. Sin nadar y sacar la cabeza al menos, si no queremos ahogarnos. En vez de estar en la red enredando y enredados, detenidos y entretenidos sin hacer nada, el problema es hacer hoy con los otros lo que podemos y debemos: salir de un colectivismo patriotero que no va a ninguna parte y de una comunicación que a nada compromete si en eso se queda. Compartir el camino y la vianda, compañeros. La palabra cabal que es el diálogo, el mundo de la vida y la convivencia en este mundo: la existencia. Sin insistir en nada ni quedarse en casa, que no la hay para nadie todavía. Ni quedarse al margen o estar en las nubes. Sino en camino, al encuentro del otro y con todos los otros. Hasta llegar a ser todos personas humanas. Ese es el problema. O la tarta, que puede quedarse en tema o empanada si no pasamos del dicho al trecho. A la verdad que nace cuando se hace.

          Por mucha libertad que haya en este mundo - todos la tenemos toda para pensar y algunos incluso para escribir lo que pensamos- la gran mayoría tiene muy poca y así será mientras sea la igualdad escasa. Los menos serán más libres al ser “más iguales” que los otros. Aún así la perfección no está en la libertad y la igualdad, sino en la fraternidad. Sin ella la tarta de este mundo no pasará de ser una empanada. En cambio, con ella , sería para chuparse los dedos. La aspiración a la fraternidad universal nos orienta y nos pone en camino hasta llegar a casa. Cada paso en ese camino anticipa lo que debe ser todavía, es una prenda: una promesa y una experiencia abierta. Por ella y en ella nos encontramos , nos reconocemos y somos personas humanas del mismo barro en cuerpo presente, compañeros en camino a la misma casa: la Humanidad después de todo. Es lo mejor que podemos pensar. Pero del dicho al hecho....Pues eso.

 José Bada 13-3-2019.

miércoles, 6 de marzo de 2019

EL TEMA ES...



VERSO SUELTO

El uso de una la lengua delata la mentalidad de sus hablantes. Si apenas se dice en castellano problema y en su lugar decimos hoy el tema..., puede que ya no haya problemas bien porque la gente no los toma como tales si no tienen solución, como la muerte, y si la tienen tampoco porque se resuelven o todo pasa con el tiempo. O quizás porque el problema lo tiene la persona, que calla y apenas escucha, y el tema es....pues eso: lo que dice la gente sin mayor compromiso. Lo que antes preocupaba a personas responsables que se hacían cargo era un problema, y aquello de lo que hablan hoy los políticos demasiado no pasa de ser para ellos un tema. Lo mismo que para los ciudadanos cuando critican al gobierno.
Y si decimos evento en lugar de acto a todo lo que anotamos en la agenda, puede que sea porque asistimos a encuentros de “no te lo pierdas” y nos olvidamos de aquellos en los que se decide la historia.


PARA TODAS Y TODOS


EL DÍA DE LA MUJER


Compañera es la mujer y el hombre su compañero, tal para cual. Que no hay humanidad sin mutua relación entre ellas y ellos. El día ocho de marzo se celebra sin embargo el Día de la Mujer. ¿Por qué? Que yo sepa no hay otro semejante para los hombres. Lo que no deja de ser una discriminación “positiva” para ellas; es decir, un agravio comparativo y puede que la excepción para confirmar la regla: una licencia que podemos permitirnos los hombres. Como el orden establecido los carnavales y nosotros el día de Santa Águeda para que manden las mujeres.

Pero no es eso. No es eso lo que debería ser. Y para que no sea así, me declaro feminista sin dejar de ser un hombre y , sobre todo, una persona como ellas y con ellas. Ni más ni menos. ¿El Día de la Mujer ? Esa es también mi fiesta y mi bandera, mi cita y mi compromiso. Por lo menos hasta conseguir que todos los días sean iguales para todas las personas bajo un mismo sol de justicia sin discriminar a nadie por su género. ¿Que las mujeres son distintas? Por supuesto, no solo de los hombres en general sino entre sí como personas ¡Faltaría más! Pero todas las personas somos iguales -deberíamos ser realmente iguales- en derechos y en dignidad...
Bueno, bueno , bueno...... ¡eso es lo que pensaba! Pero ahora sé que también se celebra el Día gel Hombre desde hace años. Menos mal que todo está en la Red y uno, que duda de muchas cosas, le ha preguntado a Siri y ésta le ha informado como es debido: “El Día Internacional del Hombre se celebra el 19 de noviembre . Fue establecido en 1992 por Thomas Oaster , profesor en la Universidad de Missouri-Kansas , y popularizado desde 1999 cuando comienza a celebrarse en todo el mundo. La directora del Programa Mujeres y Cultura de la Paz de la UNESCO, Ingeborg Breines, apoyó esta iniciativa desde el principio y ya entonces consideró la celebración de ese DIH "una excelente idea que proporcionará un poco de equilibrio entre géneros"

No obstante, después de saber lo que ignoraba, no voy a borrar ni una sola palabra de lo que he escrito. Para mí el Día de la Mujer es el Día de las personas que se declaran feministas, sean mujeres o no. Como hombre que soy no siento la necesidad de celebrarlo un solo día, pero como persona que también necesito declararme feminista todos los días y celebrarlo al menos una vez al año con mis compañeros y compañeras. Eso es para mí una opción estratégica, quiero estar con ellas y por ellas: lo necesito porque ellas son la parte marginada de la humanidad. ¡No los hombres, por favor!

En el mundo de la vida, son ellas sin comparación las peor tratadas. En casa, las servidoras; en el trabajo, las peor pagadas, y las maltratadas muchas veces por los otros. La violencia machista es ya un escándalo en este país, una una vergüenza. ¿Hasta cuándo? ¡Basta ya! Sin ellas y contra ellas, los hombres no somos humanos. No somos personas. Y como personas somos iguales que las mujeres, ni más ni menos.

Ser feminista , como no me canso de repetir, no tiene nada que ver con ser afeminado o menos hombre. De la misma manera que no es más mujer la que se pasa, y menos aún la que reniega de su condición y se comporta como un marimacho. La dignidad humana no está en las partes, ni es eso el sexo bien entendido. Ni siquiera la belleza del cuerpo más hermoso depende de los atributos, siendo como es todo el cuerpo – integramente - la presencia humana. Como una palabra visible o símbolo del alma y del espíritu en el mundo, y el estuche de la joya más preciada: el amor que sale del corazón humano a imagen y semejanza del Amor. ¿No es ese el nombre de Dios? Eso dicen y eso creo. Eso espero y eso es lo que para todas las personas como para mí deseo.

José Bada
2-3-2019







miércoles, 6 de febrero de 2019

UNA BANDERA



 ¡UN PAÑUELO!

Pensaba hablar de la violencia machista a propósito de Santa Águeda. Por desgracia me temo que no ha de faltarme ocasión y, por ventura, no tengo pelos en la lengua para denunciarla. ¡Me declaro feminista como persona! Ellas se lo merecen y nosotros no podemos ser neutrales. ¡Basta ya! Pero hoy, compañeras, perdonad que hable de otras victimas. Bajo el título de “Bandera para la memoria”, reivindican una bandera del Consejo de Aragón que llevaba en su coche el presidente Ascaso. Para los niños de mi generación que padecimos la guerra merece el desprecio de un pañuelo. Pero es que además pretenden hacer un museo para exponer como reliquia esa vergüenza. Y esto en Caspe, nada menos. En cuyo cementerio yacen los huesos de mi padre en una fosa común. ¿De que sirve la memoria si no es para la paz?



domingo, 3 de febrero de 2019

LOS OTROS FEMINISTAS


FEMINISMO HUMANISTA


Los carnavales que se celebran todos los años por estas fechas podrían y deberían ser una propuesta razonable de cambio para el futuro, una provocación saludable y una invitación a hacer historia entrando en ella con determinación. Pero están muy lejos de serlo.

Nuestro lugar en el mundo no está en el espacio ni en la naturaleza, porque no es tal propiamente hablando sino una situación que cambia con el tiempo a la vez que pasa la vida, la historia y el mundo que vamos haciendo. Más allá de la naturaleza que permanece de suyo, del puro instinto de los animales que sigue y se repite naturalmente y del peso de la costumbre que imita o remeda ese instinto en las culturas tradicionales, discurre la vida y la historia en la que hay que mojarse si queremos crecer y madurar como personas humanas.

Sin embargo los carnavales son de hecho la excepción que confirma la regla. Fueron y siguen siendo la licencia que puede permitirse el orden establecido antes de confirmar y para confirmar -la Iglesia- el rigor de la penitencia y los señores de este mundo -del suyo – la estabilidad del sistema. Algo así como las rebajas de enero que se permite la nueva religión del consumo para aumentar y fidelizar a sus clientes. Cuando la excepción es la zanahoria, el palo sigue siendo la regla.

El sentido progresista de los carnavales, lo que podrían y deberían ser, es muy distinto del que tienen de hecho. Los carnavales podrían y deberían ser nada más y nada menos que una celebración de la libertad responsable para comenzar: no para seguir o volver a las andadas sino para comenzar y e intervenir en la historia. Nada que ver, por lo tanto, con eventos, recreaciones y productos de consumo para turistas de ida y vuelta. Ni con Vicente que va donde va la gente. Y en general con el negocio y su contrario: el ocio de los clientes. Que son tal para cual: un círculo vicioso de no te menees.

El sentido profundo de los carnavales -el sentido de carga contra la banalidad del sistema- no depende de que podamos comernos la rosca una vez más aunque nos toque la suerte como al “rey de la faba” en la fiesta de los locos. Sin embargo él se lo creía - ¡el “tontolhaba”! - sin reparar que lo era por un día. Como el ”obispillo” en las catedrales, que en su día se sentaba y se sentía como el Ordinario en su cátedra. Ni tan siquiera de que el día de Santa Águeda manden las mujeres con dos tetas en los pueblos, que se les permita tocar las campanas como hacían en el mío y hasta las “partes” - las suyas - como le hicieron a un gitano unas “águedas vacantes” en un pueblo  vecino. Lo que llamaban entonces “salar la sardina” en manada, y es justo lo que cualquiera puede imaginar.

Santa Águeda vivió en Catania (Sicilia) en el siglo III y murió -según se cuenta en La leyenda dorada - en la persecuciones decretadas contra los cristianos por el emperador Decio. Águeda fue una mujer “buena” en todos los sentidos como indica su nombre: no sólo virgen y mártir, aunque también. Justamente por eso -es decir, por aquello- atrajo con fuerza la voluptuosidad de un tal Quintianus que era procónsul y tan poderoso, el hombre, como rufián. Quiso hacerla suya y , como no pudo, esto le llevó a maltratarla primero y a encerrarla en un lupanar; después le cortó las tetas, el muy bruto, y la persiguió como cristiana hasta el martirio. Con eso y por eso Santa Águeda subió a los altares como virgen y mártir. Pasando a ser sus atributos símbolo de su bondad, modelo para las “tetas” que se comen en su fiesta hasta lamernos las manos y escudo de feministas que no se chupan el dedo.
La fiesta de Santa Águeda y de las “águedas” viene al caso de una denuncia pertinente y repetida por desgracia muchas veces hasta el día de hoy cuando esto escribo. Me refiero a la joven de 17 años degollada en Reus por su pareja. Es ya la sexta víctima en lo que va de año en toda España. Me refiero a la violencia machista. Que la violencia en general o de género , no es el caso. Las víctimas por antonomasia son mujeres, y machistas los asesinos.

Por eso la denuncia y el arrebato en el que quiero participar me concierne más, si cabe. Y mi lucha es por un feminismo humanista contra un machismo asesino. Defender a las mujeres contra una violencia machista es defenderlas como personas, iguales a los hombres en dignidad. Es dar la cara por la humanidad que nos afecta a todas y todos no obstante las diferencias que hay que salvar entre todos y todas en beneficio de la humanidad entera. En este sentido -y esto es una decisión estratégica- somos muchos aunque no suficientes quienes nos declaramos feministas sin ser afeminados. Ese es mi caso y mi causa, la de ellas y la de todas las personas que quieran serlo. Es lo que quiero y deseo para todo el mundo. Un feminismo militante de marimachos es una contradicción, tiene infiltrado en sus filas al enemigo. Lo urgente y necesario es reclutar a personas cualquiera que sea su sexo, da igual, siempre que sean personas cabales: humanas y humanistas. Y por tanto capaces de entender una buena causa, como es el feminismo en la actual situación contra el machismo que embrutece y nos degrada.
De la misma manera que no hay Yo sin Tú, no hay humanidad que valga sin vosotras y nosotros. Y es en esa relación, en el encuentro, donde somos personas en pie de igualdad. Eso sí, salvando las diferencias para la humanidad entera.

José Bada
30-1-2019