miércoles, 31 de octubre de 2018

Wirberto


VERSO SUELTO


A propósito de la Transición que fue y de la Transición que sigue vigente en España después de 40 años, ha comenzado a emitirse una serie en TVA par recordar lo que sucedió entonces no si esfuerzo de los mayores y para celebrar juntos con los más jóvenes la democracia en la que todos vivimos.

En la primera entrega de esta serie televisada ayer, se relataba el “Caso Favara” o del cura Wiberto Delso, a quien destituyó el arzobispo Pedro Cantero -Procurador en Cortes, Consejero del Reino y de la Regencia después de muerto Franco- consejero- alegando que no podía aprobar “las ideas, las actitudes y el léxico” de ese cura.

Este caso fue solo un botón de muestra de la misma sotana; es decir, de la misma iglesia entendida a la luz del Concilio del Vaticano II, que entró en conflicto
con los botones de Cantero y de una jerarquía establecida de la vieja institución. Pero este caso de Wiberto o de Favara no hubiera pasado de ser un esperpento como el Eccehomo de Borja - que también fue noticia en todo el mundo- de no ser un gesto más serio y un signo mucho más significativo en aquellas circunstancia de la Transición.

Como es sabido o debería saberse, el 66% de los candidatos en las candidaturas de los partidos de la izquierda en España en las lecciones generales constituyentes procedían de movimientos y organizaciones de la Iglesia. De modo que se produjo un trasvase de líderes de la Iglesia y para la Iglesia a los partidos de la Izquierda y para la Izquierda. No para cristianizar o para hacer apostolado , sino para hacer una España democrática y más justa. Dichos políticos de origen cristiano aportaron sin duda mucha moral poniendo a trabajar su esperanza en este mundo, en busca permanente de otro mejor para todos y con todos.

La Transición que fue no fue más que un paso en la Transición permanente que para todos como para mí deseo. La historia, como la vida. Es una experiencia abierta. ¡Buen camino, compañeros!

José Bada
31-10-2018



martes, 23 de octubre de 2018

FIDELIZAR


¡MUY ORDINARIO!
Lo que sigue es una reflexión sobre el lenguaje ordinario y el mundo de la vida ordinaria, o la sociedad real en que se vive. Para el autor de este artículo la lengua es como una constitución que se ha de respetar porque es de todos los que la hablan y no está bien que cualquiera la cambie porque le pete. No obstante hay quien inventa “palabros” y los ofrece a otros para su uso. Hasta ahí llega la libertad de expresión, nada que objetar. Y si otros entran en la juerga o jerga, tampoco. Otra cosa es que el palabro se haga tragar a otros que no tienen por qué escucharlo. Pero si ese no es el caso, ¡con su pan se lo coman! Puede suceder incluso que la ocurrencia de una “blasfemia” - o “maldición” como decimos en castellano – se convierta en una “bendición” que llegue al diccionario de la Academia por aclamación popular como los santos a los altares. La costumbre es norma por la gracia del pueblo soberano, cuya es la lengua y la misma constitución.

El uso de una palabra nueva y su reconocimiento en sociedad es relevante para conocer la realidad social. En una sociedad de mercado como la nuestra lo que se vende es lo que se lleva y lo que se lleva es lo que se vende. Ese círculo vicioso entre la oferta y la demanda y a la inversa, atrapa por sistema todas las relaciones humanas en el mundo en que vivimos. No solo afecta a la economía o a las relaciones estrictamente comerciales, sino también a la lengua y al lenguaje en la conversación y a la forma de vida. Salirse eventualmente de lo ordinario y pronunciarse libremente como persona – respetando las normas mínimas para entenderse- requiere un esfuerzo y una reflexión personal que nos sitúa frente al mundo de la vida tal cual es y del lenguaje ordinario de la gente. Desde este punto de vista se abre una perspectiva sociológica interesante para entender críticamente los cambios sociales -de la vida que se lleva y nos lleva- y los cambios del lenguaje en que se expresa la realidad de un mundo tan ordinaria

Lo que hacen los mercaderes en una sociedad de mercado es captar la demanda y satisfacerla sin agotarla; es decir, alimentar y mantener a sus clientes como tales. O “fidelizar”, como se dice hoy. Es lo que hacen sin decir nada los curanderos con los enfermos, y hasta los médicos si me apuran. No menos que los curas con los fieles, la escuela con los alumnos y los partidos políticos con sus electores. Una práctica que en su día denunció ya Ivan Illich al hablar de la sociedad escolarizada, aludiendo a la escuela que enseña sobre todo a ir a la escuela y después lo que convenga.

Por cierto, “fidelizar” es un término que no recoge aún María Moliner en su Diccionario de Uso del Español editado en 1992. Y que tampoco leo en la edición del Diccionario de la Real Academia del año 2001. Hablando en plata, “fidelizar” es crear una adicción. Como hacen los pescadores de hombres: cebarlos, como si fueran peces. El público respetable es entonces un caladero, el cebo la publicidad con letras grandes e imágenes seductoras, el anzuelo la letra pequeña de los vendedores para curarse en salud y la jerga de los expertos para ocultar el engaño. Aún así, te preguntan los dependientes en el mercado: “¿Se lo envuelvo?” A lo que yo respondo: “No gracias, llevo mi bolsa. Y prefiero saber lo que compro”. Y me miran como si fuera un hereje.

En una sociedad de mercado subordinada a la economía, la publicidad difunde la buena noticia que viene a sustituir al evangelio como propaganda de la fe. A los consumidores de hoy - paganos conversos a la nueva religión del consumo- les echan lo que demandan y demandan lo que les echan. No importa que sean ruedas de molino, para los fieles ¡es la hostia! Pero los mercaderes todo lo venden con ánimo de lucro y a veces con malas artes. Contra esa caña, la que pesca, se alza la caña que piensa como decía Pascal. Es lo único que nos da moral, o su principio como también dijo Blas. O como decía mi madre: “¡Con tal de que no perda `l cap, sigue lo que Deu vullgue!”

Otra palabra nueva que dice mucho de la sociedad actual es “evento”. A diferencia de la anterior la hallo registrada por María Moliner pero con otro significado del que tiene hoy ordinariamente : como “suceso” posible o meramente eventual. También en la edición mencionada del diccionario de la Real Academia, donde se añade sin embargo otra acepción en uso procedente del habla suramericana: “Suceso importante y programado, de índole social, académica, artística o deportiva” Se acusa así un corrimiento semántico que nos advierte del abandono de los actos y acontecimientos históricos como contenido tradicional - de las gestas que fueron y de la agenda que nos queda por hacer - y se reconoce la aceptación de otro contenido referente a la situación actual que siendo de suyo más ordinario es por eso mismo más significativo sociológicamente hablando. Ese corrimiento que nos sonroja – banal donde lo haya- nos viene inmediatamente del inglés “event”. Se trata de un suceso sobresaliente al que te conviene asistir y por eso anotas en tu agenda.
Perder un evento sería una lástima. No asistir a quien te necesita ni estar donde haces falta no es bueno. Y lo peor para la humanidad entera es no estar en el tajo de la historia y consumirla en eventos de no te menees. Eso no es un paro, eso es una ordinariez : algo muy feo. Una deserción, incluso. Y un delito de alta traición.

José Bada
119-10-2018




martes, 16 de octubre de 2018

EXISTENCIA


¿NOS ABRIMOS? ¡ADELANTE!

Estamos de paso; es decir, no estamos: existimos o vamos siendo en cada situación. La existencia humana – la existencia propiamente dicha - no es un estado, es una experiencia en curso de verificación. La persona humana no es un individuo de la misma especie como cualquier otro, y su vida personal no tiene nada que ver con un experimento de laboratorio que cualquiera puede repetir: una manzana siempre cae, ya sea Newton o el frutero quien la eche al aire. El ser humano no es un objeto arrojado por ahí como una piedra al alcance de la mano y un tropiezo para los pies. Tampoco es un vegetal que arraiga en la tierra y crece en su lugar, ni un animal que se mueva por instinto en busca de alimento y de pareja como individuo que está al servicio de la especie. El ser humano mas que estar en la naturaleza, existe en la historia. Podría decirse que no es ecológico, no como las plantas o los animales que tienen su lugar o reserva natural: su nicho y su nido,su casa y su medio. En este sentido es, como dijo Nietzsche. “el animal no fijado todavía”; es decir, inadaptado para vivir naturalmente en un lugar. Por otra parte, es el único animal que puede vivir dondequiera con tal de adaptar el medio a sus existencia y no al contrario.
Aún así el ser humano no está para quedarse aquí y ahora en ningún a lugar, sino de paso para seguir siendo. La planta de los pies es la única que no arraiga y plantarse en su caso -afirmarse- no es para el hombre llegar a casa, sino hundirse en la propia miseria. El que se planta se entierra y se degrada. Ni siquiera es un vegetal, pues no arraiga ni crece en un lugar y se endurece de fijo como las piedras: se encierra. En ese estado el hombre cae por su propio peso en un agujero. Aún así puede ser llevado por lo que se lleva y hasta ser proyectado como un proyectil, pero embalado y encerrado como una bala perdida, como un peso muerto y mortífero, sin salir de sí ni abrirse de suyo a los otros y ante los otros. Bola o bala -¡qué más da! - se dice que cada uno va a lo suyo: no a encontrar-se con otros en un nosotros más amplio. Ese individualismo salvaje es lo que se lleva y nos lleva a la muerte. No menos que el colectivismo. Uno y otro ven solo una parte del hombre: “El individualismo no ve al hombre más que en relación consigo mismo, pero el colectivismo no ve al hombre, no ve más que a la sociedad. En un caso el rostro humano se halla desfigurado, en otro oculto” (M. Buber) . El hombre cabal solo se encuentra en el encuentro, porque es el hombre con el hombre; es decir, la persona humana en relación. No hay Yo sin Tú, y es así como nos encontramos: siendo nosotros. El otro , lejos de ser un obstáculo, es el medio para encontrarse uno a sí mismo. Y el prójimo un atajo para encontrar al Otro si lo hay para todos nosotros.

Vivir es caminar y hacer camino al andar. Es abrirse, no enrollarse y encogerse como un ovillo, ni apretarse y endurecerse como una piedra. Es encontrarse con otros, ser con otros,convivir, compartir el pan y la palabra entre compañeros. No es imitar o seguir, es caminar en compañía. No es estar juntos, es ir juntos. No como ovejas, que eso es dejarse llevar y estar muertos ya como personas. Es caminar cada quien por su cuenta y riesgo y hacer cada quien la experiencia de su vida, una experiencia abierta e irrepetible, en curso. Es caminar siempre con un pie en tierra y otro en el aire, sin descanso, sin anticipar el resultado y dejando la cosecha para el día de la cosecha. Poniendo, eso sí, la esperanza a trabajar. Sintiendo en la marcha el sentido del camino que se abre como una pregunta sostenida que nos sostiene. Como pregunta provocada, como respuesta a una llamada que suena cuando se baila. Como el río que va al mar cuando te mojas, naturalmente. Y si no, nada de nada.

Ese ir de la vida , sin delegar en otro responsabilidad alguna y respondiendo al otro como uno mismo sin relegar a nadie, es el camino que se abre para todos si todos y cada uno nos abrimos, compañeros. El camino en el que se salvan las diferencias y las distancias, que nos acerca a unos y otros en un nosotros cada vez más amplio. El camino del diálogo, de la conversación y de la concordia. Que no es un monólogo de solista que se hace oír, sino más bien un coro en el que todos participamos. Ni la letra que mata y está muerta.


Llegados al final de este rollo, yo me abro. No sin invitar a mis lectores que pongan música a la letra que han leído. Me refiero al espíritu que da vida y que nos hace bailar incluso. Que en el baile está la gracia, la pasada, el exceso y el colmo de la vida. El sentido. Y mejor agarrado, que así es la convivencia. ¿Nos abrimos? Pues eso. Felices fiestas. !Y adelante!


José Bada
10-10-2018














sábado, 6 de octubre de 2018

EL SENTIDO DE LA VIDA


¡ABRETE!

El ser humano no es una cosa que esté por ahí tirada como una a piedra, ni un vegetal que crezca aquí en su lugar naturalmente, ni un animal que se mueva por instinto según su especie y para que ésta sobreviva. La persona no está simplemente, ni está programada. Existe y hace su vida personalmente. La persona humana es un caminante que va siendo, que hace su a vida paso a paso en cada situación.
Esa vida no es un experimento de laboratorio que cualquiera pueda repetir: Todas las manzanas caen, ya las tire Newton o un frutero. En cambio la vida humana es una experiencia irrepetible, única y en curso de verificación: abierta como una pregunta. No es que no tenga respuesta ni sentido, pues nadie pregunta por lo que ignora en en absoluto. Pero tenemos que hacer dicha pregunta y esa es la prueba de que no tenemos aún la respuesta definitiva que buscamos.
Decimos que uno se abre cuando se va, y que otro se enrolla cuando habla demasiado y se queda solo. Un mal rollo es todo lo contrario de un diálogo abierto y una conversación franca entre compañeros libres y responsables que comparten el pan y la palabra, el camino y la convivencia. La vida humana es convivencia, y la convivencia es apertura. No hay yo sin Tú, ni nosotros sin vosotros. Ni humanidad que no aspire a un nosotros cada vez más amplio en el que quepamos todos reunidos delante del Otro de todos nosotros.
Pero abrirse no es propiamente hablar sobre la humanidad y la vida humana, y menos aún sobre Dios que ya se verá si es que lo hay para nosotros. Abrirse es vivir, y amar al prójimo como a uno mismo. Que obras son amores y no buenas razones. Y la verdad de la vida se sabe solo, se prueba y se gusta, se siente, tiene algún sentido y se consiente cuando se vive y no cuando se habla sobre ella. Cuando se escucha con el corazón abierto, con los brazos abiertos, con el alma, con todo el cuerpo, y cuando la vida misma expresa, dice y responde, interpreta lo que sentimos y somos afectiva y efectivamente en la existencia. Cuando vamos , compañeros, en buena compañía. Que el sentido de la vida se siente cuando se vive. Como la música cuando se interpreta. ¡Basta de rollos! Yo me callo. ¿Nos abrimos? Yo desde luego. Pero no antes de desear a quienes me escuchan que pongan música a lo que han oído.
















miércoles, 3 de octubre de 2018

¡BUENA VECINDAD!



Un "petó" para los vecinos catalanes

Más acá de Fraga , aunque también, y aquí mismo en Zaragoza aparecieron hace dos días lazos amarillos para incordiar y recordar a los aragoneses el malestar de los catalanes. Lo siento por ellos y por nosotros. Soy de un pueblo aragonés donde se habla catalán, pero vivo en Zaragoza donde hablamos castellano. En vísperas de las fiestas del Pilar y a la vista del templo donde se alza, aquí y ahora, quiero enviar un petó, a los vecinos de allá, y que el Ebro lo lleve en silencio a los del lazo con una invitación a la concordia y al buen rollo entre vecinos. Que hablando se entienden los hombres y las mujeres si quieren y se quieren, y no hay manera de entenderse cuando se muerden como perros. Un saludo a los de cerca y a los de lejos, una abrasada y un beso a tot-hom y a tota-dona llámese : Monserrat o Pilar que de todo hay entre nosotros y vosaltres. Adeu! Y visca Catalunya lliure! Es a dir: responsable! Y tú que lo veas, maño que me escuchas.


viernes, 28 de septiembre de 2018

DE LA COMUNIDAD A LA COMUNICACIÓN



COMUNICACIÓN EN VILO
P asó el verano que pasé en el pueblo unos días, muy pocos. No como antes, cuando el pueblo existía para mí no solo apenas en el recuerdo como ahora sino en carne mortal; es decir, en carne viva como mi madre que fue, mi esposa que también y todos los míos que hoy hecho en falta. Pasé el verano con lo que queda de aquello. Y me traigo agradecido una reliquia que quiero contarles ahora que ha comenzado el otoño en este veranillo de san Miguel , que se demora en la cosecha, o de san Martín que acaba más templado con la siembra y ojalá con la lluvia.
Dormí la última noche con las ventana cerrada, en una habitación trasera que da al patio de la casa. Pero en otra de la misma que da a la calle, mis sobrinos durmieron con la ventana abierta. A media noche oyeron lamentarse al vecino de enfrente, que se había caído y fueron a ayudarle con otros de la misma calle. Es un viejo nonagenario que vive solo, pero tiene vecinos. Muchos en la ciudad no los tienen, y hay casos de abandono en el que los viejos mueren solos en su piso donde se pudren hasta que huelen. Lo primero es hermoso, lo segundo tremendo y lamentable.

LA TELEASISTENCIA, aunque funcione como quiere el Gobierno de Aragón, no es lo mismo y hasta una contradicción manifiesta cuando no funciona. Asistir es estar presente para ayudar a quien lo necesita. Dejando la anécdota atrás como rosa caída y mirando hacia delante, lo que veo es muy distinto. Los pueblos se despueblan no solo porque se vayan a vivir sus habitantes a las ciudades, sino también y principalmente porque los que quedan en el lugar viven en lo posible como en las ciudades. Presumir que las personas estamos aún donde tenemos el cuerpo es un grave error. Esto no sucede ya ni tan siquiera en los pueblos, donde sus habitantes se distraen de los otros viendo lo que pasa en el mundo sin hablar con los vecinos. Hay quienes se tumban en el sofá para dormir la siesta oyendo el televisor, como si este les cantara una nana.
Vivimos en un mundo urbanizado que se despuebla. Pero esto no es solo un problema demográfico, ni tan siquiera urbanístico; es decir, de geografía humana o de asentamiento racional de la población sobre la Tierra. Aunque también. Que lo uno no quita lo otro. La población mundial que tenía 2.600 millones de habitantes aproximadamente en 1950 –de los que el 79 % vivía entonces en los pueblos-- alcanza ya en la actualidad nada menos que la cifra de 7.450 millones. Por otra parte la población urbana supera ya con creces a la rural. De modo que a este ritmo la urbanización de la Tierra, según todas la previsiones, alcanzará antes de terminar el año 2050 los 2/3 de la población total. Pero eso no es todo, ese cambio imparable afecta mucho y afectará más todavía a los pueblos cuyos habitantes se urbanizan aunque no se muevan de allí con el cuerpo entero. También ellos –vivan en Candasnos por decir algo o en Favara si lo prefieren--, lo mismo que los casi 50 millones de chinos que lo tienen en Cantón o los 40 de japoneses que lo aparcan en Tokio, no están siempre para todos donde tienen su cuerpo.
Este despegue, desarraigo, destierro o desterraje es una crisis de humanidad. De los terrícolas, de los humanos en trance de desaparecer como tales, de dejar la tierra -- el humus-- de donde venimos para perdernos por ahí en la nube enredando y enredados. Pasando de la comunidad que fue --de la común/unión-- a la comunicación presente que no cesa: que no para ni repara en nada y en nadie. Y saltando por encima de la sociedad plural y pluralista --dotada aún de una reliquia comunitaria funcional para la estabilidad del sistema social de convivencia--, a la comunicación en vilo que no ha lugar para quedarse ni nos lleva a ningún sitio. Ni siquiera es un camino que vaya a casa, no es un destino: es un presente sin pasado ni futuro, una «eternidad efímera» (M. Castells) que consumimos y nos consume. Un sin vivir de usar y tirar sin pretensiones ni compromisos. Un estar ausente en realidad de verdad en el mundo de la vida, con muchos contactos y eventos de «no te lo pierdas» que pasan no obstante sin pena ni gloria.
DEJANDO A UN lado la conversación cara a cara y la compañía sin intermediarios, nos queda solo el enredo sin encuentros personales. Sin la vida y la convivencia, sin relaciones estables, sin compañeros ni compañía, sin libertad responsable. Sin sentido alguno.
Convertidos en consumidores de usar y tirar, compulsivos o a pedir de boca, preferimos entonces estar donde conviene: no alejados del centro sino en el centro de distribución de todo lo que apetecemos. Porque la información es instantánea donde quiera tengamos el cuerpo con tal de estar conectados. Pero el pan de cada día llega con retraso, y no se vive solo de mensajes. Por eso no basta con estar en la red. Porque las palabras vuelan, pero hay que comer y el pan no llega a punto donde tenemos el cuerpo. No a los pueblos, pero sí a las grandes ciudades. Como el pienso a las granjas, así los alimentos y todo lo que necesitamos para vivir llega antes a los centros de concentración urbana.


martes, 25 de septiembre de 2018



LA FRANJA
El 11 de Septiembre de 17l4, las tropas borbónicas tomaron la ciudad de Barcelona en la Guerra de Sucesión. Esa victoria fue para los catalanes una derrota y el principio del fin de sus instituciones arrasadas por imperativo legal con los Decretos de Nueva Planta en 1716. No obstante, haciendo de tripas corazón y de acuerdo con su Estatuto, los catalanes celebran su Fiesta Nacional el día 11 de septiembre año tras año en plena democracia. Un pueblo que de las piedras hace pan, es capaz de hacer de una derrota un derrotero. Que así sea es lo que yo deseo para ellos y para todos nosotros, compañeros de acá y de allá: “de més entadins” o “de més entafora”, por decirlo en la propia lengua y desde la perspectiva de mis paisanos aragoneses que también la hablan.
Nací en Favara del Matarranya, que de allí era mi madre y mi padre de Vilalba dels Arcs en la Terra Alta de Tarragona más allá de Batea. Soy de una comarca oriental de Aragón donde se habla catalán como siempre, pero sin complejos desde hace algunos años. Lo que hablamos allí ya no es aún lo que no podía decirse, es sencillamente catalán y a mucha honra. Ni más ni menos, ni mejor ni peor que lo que hablan valencianos y mallorquines. “Si fa o no fa” como en Girona. No es chapurreau, que eso es un mal nombre por decir algo y silenciar lo que más importa.
Las comarcas orientales de Aragón que comparten el habla y mucho más con las occidentales de Cataluña se llaman ahora con frecuencia La Franja. Para evitar malentendidos y para entendernos hablando, quisiera pensar que le atribuimos todos a ese término un mismo significado: el de una banda ancha con dos orillas o “vores” que se corresponden “de vora a vora” y en modo alguno como dos “bordes” que no se hablan, muro de separación y menos tierra de nadie entre trincheras enemigas. En esa Franja, compañeros, estoy seguro de encontrar hilo suficiente para hacer un bordado entre vecinos donde otros se empeñan en hacer hoy un descosido. En la Franja nos encontramos unos y otros, catalanes y aragoneses: todos nosotros.
Los aragoneses de la Franja hablamos catalán. Como nuestros vecinos catalanes que hablan también castellano sin ningún problema si viene al caso para entenderse con otros españoles. Por cierto, desde nuestra perspectiva lo que se habla más allá de Caspe - aguas arriba del Ebro- es el castellano y no el español , que españolas son todas las lenguas de este país que habitamos los españoles. Hay razones para pensar que la Franja es el medio - y no el remedo- entre castellanos de Castilla y “castlanes” de “Castlonia” De modo que el contencioso, de haberlo, so sería entre villanos sino entre burgueses de ambos lados. La hipótesis de Balari sobre la etimología de “Catalunya” no es en absoluto despreciable.
La Franja es un espacio de convivencia, de buena vecindad, bajo un mismo sol y con los pies en tierra, abierto. Quiero pensar que hospitalario, aquí y a la vez en todo: la quiero, es mi tierra. Y en ella y por ella estoy en el mundo. Por ella saldría a la calle. No para cerrar el paso a nadie, sino para tender puentes y la mano a todo el mundo. Amo la libertad y barrunto en mi tierra, respiro, un aire que sopla donde quiere, un espíritu libre. Nada que ver con el capricho, que es la libertad de las cabras. Ni con la real gana, ni siquiera con el derecho a decidir atribuido a los pueblos. Que no son los pueblos los que deciden, ni las personas en su nombre. Aquellos no son personas, sino supuestos: ídolos cuyo nombre usan en vano los ciudadanos. Y éstos, las personas, los únicos que tienen derecho a decidir.....responsablemente . ¡Y el deber!
Salir a la calle es lo que piden estos días los políticos del “Procés” desde las instituciones catalanas en nombre de Catalunya y en su defensa. Es una pasada que no va a ninguna parte. Si pudieran llevarse esa tierra como los caracoles la casa encima poco a poco al Pacífico, lo comprendería. Pero dado que no es posible, les digo que se entiendan con los vecinos y no pierdan el tiempo sacando los cuernos. Porque eso no es una salida, ni un derrotero: es una derrota. Y su apego a la tierra, más que devoción, solo es mala baba.

José Bada
4-9-2018